Puerperio
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El despido
11 marzo 2012
David trabajaba desde el 2004 en una empresa de colectivos de Rosario. Es una empresa privada que depende del estado municipal. En ese año yo buscaba desesperadamente trabajo porque vivía sola y las pocas horas que tenía como docente no me alcanzaban para nada. Todos los domingos revisaba el diario local buscando laburo. La cosa se estaba moviendo un poco más, pero tampoco era "wow, cuánto trabajo". Tanto David como yo habíamos trabajado como inspectores de tránsito en la municipalidad de Rosario, éramos pasantes por la UNR. La cosa es que un domingo vi ese aviso en el diario en el que buscaban inspectores y pensé ¿por qué no? Como éramos amigos le avisé que había salido ese aviso buscando gente y los dos mandamos nuestros CV. Atravesamos tres entrevistas juntos y ¡quedamos! Hicimos los análisis prelaborales y, cuando estábamos a punto de empezar yo conseguí más horas en una escuela privada y decidí dedicarme a eso. Es decir, renuncié antes de empezar.
Todo esto lo cuento para que entiendan la situación precaria que vivió desde un principio: entrar por CV y sin ninguna recomendación a una empresa manejada por el Partido Socialista es "inestable" desde el vamos. ¿Qué quiere decir eso? Que desde el mismísimo momento en el cual entró a la empresa, estuvo "a punto" de ser despedido (porque todos los demás estaban acomodados y eran más difíciles de "echar"). Básicamente, las empresas privadas que pertenecen al estado son utilizadas para pagar favores políticos con lugares de trabajo (eso ocurre en el estado nacional, en el provincial y en el municipal...y en todos los partidos políticos, para los que creen que el PS rosarino no hace "clientelismo" ejem!). Tengamos en cuenta que los inspectores de esta empresa están bajo el convenio de UTA y por eso ganan muy bien. Así que un puesto ahí es un "regalo" buenísimo para alguien que colaboró con la "campaña" electoral.
La verdad, pasarte 7 años trabajando con la amenaza del despido sobre la cabeza es altamente desmoralizante para cualquier trabajador. Y no sólo eso, tuvo (tuvimos) que aguantarnos tantas cosas. Por ejmplo, en la última campaña electoral (en la que ganó Bonfatti), David fue obligado a ser fiscal por el socialismo en una mesa. Siempre la amenaza era la misma "si no voy me despiden". Las discusiones que teníamos por este tema eran inagotables. Mi postura siempre fue "hagas lo que hagas y seas amigo de quien seas, tarde o temprano te van a despedir, porque no sos del PARTIDO". Hemos comido empanadas para cada fiesta patria...empanadas que pagaban la campaña de Bonfatti, Fein o quien fuera el candidato en ese momento. Hasta le hemos tenido que votar a esos mismos porque "si pierden los socialistas todos perdemos el trabajo". Fue enloquecedor y echarlo fue lo mejor que hicieron por nosotros en la vida. ¿Fue difícil? Dificilísimo. Y claro, una semana antes del nacimiento de Emilio, digamos que no era el mejor momento para atravesarlo. Pero bueno, las cosas salieron mejor de lo que pensábamos. Aunque mucha gente de nuestro entorno se alejó repentinamente ¿será que creyeron que los íbamos a contagiar? Y también hubo mucha gente que nos ayudó desinteresadamente, que desde su corazón fue capaz de decir "traéme un CV que lo presento en mi trabajo", otros que nos sostuvieron emocionalmente, simplemente estando cerca. Otros supieron escuchar. No pretendíamos que nadie nos consiguiera un trabajo para David, él sólo necesitaba un poco de apoyo moral, el trabajo podía conseguirlo solo (como lo demostró). Y yo agradezco tanto, tanto a los que supieron estar :)
Cuando David llegó a casa ese día, más temprano de lo habitual, pensé que le habían dado la tarde libre (a veces le pagaban algunos favores con "ratos libres"). Pero cuando lo vi llorando me pegué el susto de mi vida porque Guille se había ido a pasar la tarde de los abuelos y yo, que tengo el chip preparado para la desgracia (tengo que cambiar eso porque trae mucho sufrimiento) pensé que le había pasado algo a la nena y le habían avisado a él. O sea "pensé que le había pasado algo" es "creí que estaba muerta", así de horrible. Todo eso lo imaginé en un par de segundos. Yo gritando y David que no me decía lo que le pasaba, casi me muero. Es más, lo escribo y revivo el susto. Cuando me dijo lo que le pasaba casi lo mato, gente. O sea, mi chip de "entrenamiento para la desgracia" jamás consideraría un despido como una desgracia. Jamás, osea: un despido es uns circunstancia laboral solucionable, la muerte no.
Y bueno, ahí vino el aprendizaje de saber entender y acompañar a David. Porque para él fue una situación traumática y trágica, digamos que tuvo siempre tanta suerte que el despido fue lo peor que le pasó en la vida. Así que imagínense. Lo más duro para mi fue acompañarlo, en un momento en donde yo apenas podía sostenerme a mi misma. Y tuvimos miles de peleas por este tema. Y salimos a flote super fortalecidos como pareja y también como personas. Y no solo eso. David se demostró a sí mismo y a todos que sí vale la pena como trabajador, antes de que pasaran 5 meses del despido entró a otra empresa, en un puesto similar, sin ningún tipo de recomendación ni ayuda. Y eso me enorgullece :)
Así que hoy, a casi 6 meses del despido puedo decir que todo el saldo es positivo. Nos liberamos del jefe desquiciado que tenía (unos días antes de despedirlo le había pedido a David que saliera de testigo en su juicio de divorcio y él obviamente había aceptado porque "si no lo hago me despide", así que dimensionen la neurosis de ese tipo), David estuvo en casa los primeros meses de Emilio y eso sí que fue un regalo. Lástima que el mayor tiempo la pasó medio desmoralizado, pero deprimido y todo eran dos brazos más para ayudar con el bebé y con Guillermina. Mi hija aprendió mucho de esta situación: que podemos seguir adelante y que sus papás le cuentan siempre la verdad de lo que sucede. Cada día que pasa estoy más convencida de que fue para mejor. Incluso fue lo primero que le dije a David cuando me enteré "es para mejor", pero en ese momento tenía algunas dudas. Hoy no. Y ojo, que el sueldo es bastante menor y obviamente necesito trabajar yo también (recordemos que yo quedé desempleada a principios del año pasado, no fue voluntario mi retiro de las aulas, jeje) y espero que pronto salgan horitas porque con las sesiones de fotografía no alcanza. Pero a pesar de eso, hoy por hoy siento que estamos mil veces mejor. Ya no discutimos por el trabajo de David ni por las humillaciones continuas que padecía. Y eso es genial :)
Toda esta situación que tuvimos que remontar, más el bebé, más el puerperio, más Guillermina, más un verano a 40°, es lo que me tiene alejada de la web. Pero de a poco van volviendo las ganas, porque no quiero olvidarme de las que pasamos y de todo lo que superamos juntos. Y porque la vida siempre es una fiesta y merece ser celebrada. Todo pasa y de todo se aprende. Y yo aprendi tanto en estos últimos meses que tengo ganas de seguir creciendo.
No sé si me quedo
10 marzo 2012
Y acá estoy. Vengo como 5 o 6 meses atrasada al resto del mundo. Y sin embargo la vida sigue vertiginosa, imparable. No sé si es el puerperio o si es la gente. Nunca llego a actualizar el blog o a contar las cientos de cosas que me pasan por día, esas cosas que no quiero olvidar. Y cuando voy a escribirlas pienso "pero si esto pasó hace mil años".
La cosa es que desde que David fue despedido antes de que naciera Emilio hasta hoy, tuvimos que adaptarnos a rutinas completamente diferentes de las que llevábamos. Y a veces me siento agotadísima.
Hasta el año pasado las cosas estaban más o menos acomodadas, pero cuando Guille terminó el jardín fue caótico. Las fiestas de fin de año me pasaron por encima, literalmente, y siento que estoy aún tratando de reponerme y encontrarle el ritmo a este año.
Decíamos con algunas de las chicas de facebook que este era "nuestro año", pero las cotidianidades hay que atravesarlas, no? Y a veces cueeeeeeeesta remarla. Solo a mi se me ocurre que un año con un bebé chiquito puede ser "mi año", ok, error de cálculo total...capaz el 2013 sea mi año.
Si supieran la cantidad de mails que tengo atrasados por contestar. De verdad que me encantaría tener una vida social bloggera (ah, y una vida social de la otra también!!), pero no llego. Y encima me siento super maleducada por no contestar los comentarios y los mails que recibo :( Pero bueno, sé que son etapas y que es algo lógico que no llegue a todo. Capaz si me libero de escribir lo atrasado y escribo lo cotidiano se me aligera un poco la cosa, no?
El jueves pasado David empezó formalmente en el nuevo laburo, hace monitoreo de alarmas en una empresa muy grande. Tiene un horario nuevo al que tuvo que adaptarse, él y nosotros (es decir, los que nos quedamos en casa). No es fácil adaptarse a nuevas rutinas.
A finales del año pasado fuimos al sorteo para ver si Guille entraba a jardín de 4 en la Gurruchaga. Obviamente, en línea con el "increíble" año que tuvimos (ejem!), no entró. Pero quedó 4ta en lista de espera. Dos días antes de que empezaran las clases nos llamaron para ofrecernos una vacante. Genial! Pero una cosa es la teoría "quiero que mi hija vaya a escuela pública" y otra diferente es la realidad. La escuela es hermosa, la propuesta es super linda y muy en línea con lo que queremos de la escuela. Pero dejar a Guille en un ambiente nuevo es otro desafío, sobre todo para mí. Pero quiero hablar de esto más extensamente, así que lo dejo para otro momento. La cosa es que estas semanas fueron caóticas: marido en trabajo nuevo con horario nuevo, hija en escuela nueva con maestra nueva y horario nuevo (va a la tarde) en "integración". En el medio Guille cumplió los 4 años, se enfermó, hicimos un mini festejo. Y yo llegué al colapso. Y obvio que el que manifestó todo fue Emilio: 24 horas a upa/teta...no doy más. Estoy en ese momento de crisis en donde quiero "tiempo para mi", ajhá...el tema es que no fue Emilio el que pidió venir, así que me la tengo que aguantar. Sé que TODO PASA y que pronto se va a aliviar mi carga. Lo sé, pero de verdad que a veces tengo el sentimiento de que voy a enloquecer. Y eso que para mi fue bastante fácil la adaptación al segundo hijo.
Bueno, qué desvarío. Me sirve para cuando venga la próxima crisis. A ver si logro darle periodicidad a contar mi vida :P
Saludos a todos! Si me escribieron, ya tendrán respuesta ("ya" quizás sea en julio, ojo!)
Vengo, pero no sé si me quedo :P
Lo que una madre puérpera no puede evitar
06 enero 2012
...y efectivamente la hice. Pero al lado estaba mi bebé acostadito, mirándome con esta cara:

y yo, primero pensé: no le voy a sacar más fotos porque me va a colapsar el disco duro. Pero como estoy puérpera y enamorada de mi bebé, no pude resistirme. Y las edité mientras le daba la teta. Así que también voy a aburrir un poco con ediciones distintas. Porque yo lo valgo, ejem! (?) Así me seguía mirando mi Emilín

y en blanco y negro también lo adoro

Si, tengo una hija también, pero está un poco rehacia a las fotos, así que me abuso de mi bebé. Pobrecito, va a huir en cuanto gatee :P
Por aquí también pasaron los reyes, nos valió un buen madrugón. Yo atontada y mi hija dele sacudirme: "qué paperon de papapo los pepes" (qué trajeron de regalos los reyes???). Bueno, está bien, confieso que eran las 9 de la mañana, pero es que Emilio duerme tanto que yo ya me envicié de descansar. Y después de abrir los regalos nos fuimos a hacer mandados por ahí (qué agotador con el calor!). Por suerte tuvimos tarde de terraza y mucha agua, más tereré, más lectura de revistas que andaban por casa.
que afloje el calor, che!
ah! con Lucía tenemos nuevo grupo en flickr: 365+1 para ir compartiendo los proyectos de otras bloggers :), están todos invitadísimos.
Cuentas saldadas
09 agosto 2011
(los comentarios sehabían cerrado solos, perdón! ahí están y gracias a quienes me avisaron!)
Estaba leyendo esta nota de Lety, de Criando Creando y recordé algunas cosas que me gustaría comentar con ustedes.
Estaba leyendo esta nota de Lety, de Criando Creando y recordé algunas cosas que me gustaría comentar con ustedes.
Como muchas de las que se acercan a leer por acá saben, yo tuve problemas con mi lactancia y no pude solucionarlos. Desde los cuatro días de vida tuvimos lo que se llama una "lactancia mixta", Gui tomaba teta y fórmula :(. Cualquiera pensaría que en mi embarazo no me había informado nada. Bueno, la verdad es que sí había buscado algo de información sobre lactancia, pero recuerdo que en una de las páginas que leí decía algo así como "mientras estés segura de querer amamantar, vas a poder, porque todas podemos". Bueno, me dije, debe ser fácil así que seguro puedo hacerlo. Pero claro, nadie me había hablado nunca de los probables problemas que podrían surgir y llegué al puerperio emocionalmente frágil, dependiente de las opiniones de los demás y sin ningún Plan B a la vista. Hacia mediados del 5to mes Guille empezó a rechazar el pecho y fue el principio del fin. No llegamos ni a los seis meses :(
Por esa misma época me encuentro ocasionalmente con el libro La maternidad y el encuentro con la propia sombra de Laura Gutman y junto con su lectura, me derrumbo. Unos días después le detectan a Gui el problema en las caderas y debemos colocarle el arnés. Fue traumático, pero a la vez siento que tuvimos la oportunidad que se nos dio de conectarnos, de tenernos a upa y de volver a vivir esos meses del principio en los que yo andaba como drogada, distante (de mi hija y de todo). Detrás de Laura Gutman vendría lo demás: blogs y foros de crianza natural y la temida verdad: realmente podría haber amamantado el tiempo que quisiera (o que quisiéramos Guille y yo) si hubiera tenido información mejor y ayuda cercana. Después llegué a la Liga de la Leche y me di cuenta de que la ayuda que necesitaba la había tenido ¡cerca! Me fui al fondo, lloré mucho, me hice cargo de mis propios errores y lo primero que se me ocurrió fue "voy a tener otro hijo para hacerlo BIEN esta vez". En ese momento, promediando mi puerperio, me parecía super lógico y natural tener otro hijo para sanar viejas heridas. Por suerte, pasaron muchas cosas en el medio y pude empezar a mirar desde afuera y reflexionar.
Lo primero que pasó es que Guille creció y con ese crecimiento muchos miedos se fueron desvaneciendo. Ese vínculo que no habíamos formado durante los primeros meses, lo reconstruimos usando otras herramientas. Mi puerperio empezó ser más llevadero y por fin vi la luz del otro lado del túnel. Y de pronto esa tristeza por "todo lo que no fue" se desvaneció, ya no sentía el pecho hundido al recordarme llorando con mi beba de 20 días en brazos. De a poco me di cuenta de que había podido sanar mis heridas criando a mi hija dentro de un marco respetuoso y amoroso. Si, obvio que en algunos momentos de estos años me desbordé o que estuve cansada o que se me escapó un grito. Pero la intención siempre fue criarla en libertad.
A todo lo que pasó lo ubiqué en el lugar que le correspondía: la cesárea programada por podálica fue la consecuencia de mi desconexión total con el embarazo, nuestra corta lactancia fue un camino hacia el descubrimiento de otras maneras de criar, los meses que Guille pasó en el cochecito fueron subsanados con mucho upa por su displasia de caderas. Así, no me quedaron cuentas grosas por saldar con mi maternidad. Claro que a veces me enojo conmigo misma por mis reacciones dramáticas ante cualquier situación (es un mal familiar jaja) o que siento que "ya no puedo más".
Llegué a este embarazo sintiéndome muy libre de todo eso que pasó, porque todo tuvo un lugar y un sentido. Me sirvió para seguir adelante. Y fue una época hermosa, de mucha transformación y crecimiento. Entre tanto llanto nocturno me saqué una a una las espinitas (chupate esa metáfora jaja), no sólo las que me generaron mis errores durante los primeros meses de Guille, sino también muchas heridas de mi propia crianza.
Voy a parir a este hijo, pero no porque quiera sanar el nacimiento de mi hija sino porque creo firmemente que es lo mejor para él y para mí. Voy a amamantarlo todo el tiempo que ambos deseémos, pero no porque a mi hija no la amamanté tanto tiempo, sino porque sé que la teta es lo mejor para un bebé desde todo punto de vista (y porque tengo ayuda cercana y porque no voy a permitir que ningún pediatra se meta con mi lactancia). Voy a tenerlo mucho a upa desde el primer día, pero no porque a mi hija la dejaba bastante en el cochecito durante los primeros meses, sino porque tengo ganas de tenerlo mucho a upa :) Voy a intentar hacerlo bien esta vez, pero no porque necesite remediar algo, sino porque no concibo otra forma de hacerlo ahora que sé. Vamos a ser padres nuevamente porque deseamos profundamente a este hijo, no porque necesitemos sanar nada ;-)
¿Me preocupa que mi hija no haya tenido todo lo que voy a darle a este hijo? Para nada, porque se lo di de otra forma, curé mis propios errores en su crianza :) La veo a Guille tan grande y tan feliz que no creo que le falte nada, no creo que le falte amor. Y aparte también es un camino que hago por ella y por otras mujeres. Porque sé que si conseguimos cambiar el paradigma, mi hija no va a tener que bramar para que respeten el nacimiento de mis nietos, sé que no va a tener dificultades para amamantar porque va a crecer escuchando que todas podemos con información y apoyo.
¿Cómo voy a tener cuentas pendientes con mi maternidad si fue Guille la que me dio el sacudón y consiguió despertarme de esa "anestesia social" en la que me encontraba? ¿Si me propuso un camino porque no se cansó de reclamarme hasta que no pude hacer otra cosa que escucharla?
Y ustedes ¿cómo se sienten con sus maternidades?¿Se sienten heridas aún en algunos aspectos o las heridas han ido suavizándose? ¿Hay cosas que creen que les "quedaron pendientes"?
(vieron que volví)(jijiji)
luisina reloaded jajajaja
Laura Gutman no es el "cuco"
22 junio 2010
Hace algún tiempo leí en un blog a una mamá reciente que decía algo así como "por suerte no leí a Laura Gutman", me dio gracia porque cuando lo leí sentí que esa mamá creía que Gutman era algo así como un "cuco", un personaje de libro que se atrevía a proponer cómo criar a nuestros hijos. También pensé que en realidad era una lástima que no la hubiera leído...porque tal vez hubiera tenido mejores herramientas para atravesar ese momento duro por el cual estaba pasando.
Yo llegué a Laura Gutman de pura casualidad, lo compré un día pensando que era un libro de autoayuda (detesto los libros de autoayuda, pero en ese momento estaba tan mal que necesitaba uno) y me llevé tamaña sorpresa. Hoy, después de haber leído todos sus libros, ya he tomado distancia. Con esto quiero decir que he llegado a un punto en el cual puedo criticar algunas cosas de su pensamiento. Pero eso no la hace perder el valor que tuvo para mí. Destaco para mí, porque lo que le sirve a una puede no servirle a otra. Pero de algo estoy segura: Laura Gutman no es un "cuco", no hay que tenerle miedo. Te puede gustar o no, lo podés necesitar o no. Hay mamás que están muy conectadas a sus bebés y no necesitan ningún libro. Yo lo necesité...estaba muy desconectada de esa bebé que era Guille. La amaba, era super feliz, pero en algún lugar el vínculo estaba dañado. Después de leer "La maternidad y el encuentro con la propia sombra" desandé caminos, revisé legados, revisé mi historia y pude encontrar ese lugar que no le había dado a mi hija, ocupada como estaba en llorar mi propio desamparo. No es un camino fácil. Pero es el que nos tocó transitar. Tengo mucho que agradecerle a Laura Gutman y otro tanto que agradecerme a mi y a mi hija.
Aquí un video hermosísimo en el cual Laura Gutman habla de algunas de las ideas sobre las cuales trabaja en sus libros. Habla de la fusión emocional con el bebé, de la necesidad de contacto físico de los niños y de la importancia de que los adultos seamos conscientes de nuestras emociones y demos lugar a las emociones de nuestros chicos. Nuestros hijos no son seres a quienes disputarles algo (el tiempo, mirada, cobijo que no recibimos nosotros mismos), sino personas que deben ser criadas con respeto y amor genuino. Mírenlo, es un video hermoso ;-)
Gracias a varios de mis contactos que lo publicaron en el FB, esta vez se lo robé a Ale Elena de Liga :)
Crónicas desde el final del puerperio: Salir al mundo
29 noviembre 2009
Para leer las dos crónicas anteriores, click aquí.
Salir al mundo
Y al tiempo de las demandas y los nombres, le siguió el tiempo de la paz. Y comenzó en mí un gran proceso de búsqueda: quise mirar de frente por qué tuve el parto y la lactancia que tuve y por qué no me animé a más. Encontré respuestas, asumí responsabilidades, revisé legados, despejé el espacio emocional y encontré lugar para mi hija. Fue un camino durísimo, lleno de sorpresas, de cosas vivas y de amor.
Mi puerperio, o como quieran llamar a este período de 20 meses, fue un viaje intenso del que salgo fortalecida, lista para seguir llorando lo perdido pero en paz, con calma. Ninguna otra etapa de mi vida me había hecho replantearme tantas cosas y cuestionarme tanto.
¿Qué cosas aprendí de mí? En primer lugar aprendí que soy capaz de dar. De dar amor, compasión, amistad, solidaridad, abrazos y creo que todas esas cosas deben ser más que valoradas. Aprendí a entender por qué grito, por qué me enojo, por qué me pongo loca cuando algo no sale como a mi me gustaría. Aprendí que muchas de las cosas que hago las hago solo por el elogio y que soy adicta al reconocimiento, y que por eso pude escribir trabajos en la universidad sobre temas que no me interesaban en lo más mínimo: el objetivo era ver la nota que marcaba el máximo reconocimiento. Y en un momento mi vida se convirtió en una carrera para conseguir ese elogio que, naturalmente, cada vez era más difícil de lograr. Me saturé y no volví a pisar Humanidades y Artes -la facultad en donde estudié-, porque la única forma de cortar con eso era cortar con todo. Cuado decidí que ya no quería más investigación, ni congresos, ni charlas, ni nada que tuviera que ver con la vida universitaria, no era demasiado consciente de por qué lo hacía. Recién cuando pude ver desde afuera cómo estaba viviendo, encontré los por qué.
Mucho de lo que soy -con mis defectos y virtudes- tiene que ver con cómo fui maternada, criada, amada y a la vez exigida. Porque a mí no me exigieron solamente mis padres, sino también mis dos hermanas mayores. En un punto, vine a resolver las frustraciones de todos y eso es muy duro para una sola persona. Y fue muy difícil liberarme de ese lugar en el cual fui colocada cuando mis viejos nombraron el mundo.
Claro que todavía me quedan cuestiones por resolver, pero en este tiempo de introspección encontré las partes del disco rayado donde saltaba la pista una y otra vez. Y tengo claro sobre qué aspectos trabajar y cuáles son menos importantes. Y sí, sigo siendo adicta al elogio, al muy bien 10 felicitado, pero al menos ahora tengo más claro el por qué.
Y así como me di cuenta de esto, pude ver muchos aspectos más de mi personalidad que aún están por resolverse. Este tiempo fue una oportunidad para saber más de mí y asumir parte de mi historia y de mis legados familiares. Por mi parte estoy feliz de haberme animado a transitarlo.
Hace un tiempo que vengo sintiendo que ya le saqué a mi puerperio todo lo que este tenía para darme. Y es hora de salir al mundo nuevamente, a aprovechar todo lo que aprendí con mis hija en brazos. Y para ella será el tiempo de aprender a soltarse de mi mano, sabiendo que siempre, siempre estaré acá. Por primera vez desde el nacimiento de mi hija tengo deseos propios, ganas de hacer algo que no la involucre necesariamente -aunque lo haga al lado de ella-, porque lo que siento que se está acabando no es el tiempo compartido, sino el tiempo de fusión emocional. Así, por más que saque fotos con ella a upa, sé que ese interés nuevo y desaforado es solo mío.
Sí, creo que estamos en el fin de una etapa. Cuando me voy a trabajar la extraño horrores, pero ya no siento como si me estuvieran descuartizando. La unión sutil se está desvaneciendo para dar paso a la otra unión: a la de estar conectadas tan simple y poderosamente por el amor que forjamos en este vínculo.
Y para cerrar con estas crónicas -reflejos de mi experiencia-, un fragmento que me identifica muchísimo, es de la última parte de la película El curioso caso de Benjamin Button, basada en una historia escrita por Scott Fitzgerald:
"Nunca es demasiado tarde o temprano para ser quien quieres ser. No hay límite de tiempo, empieza cuando quieras. Puedes cambiar o quedarte igual. Esto no tiene reglas. Sacarle lo mejor a tu peor momento. Ojalá le saques lo mejor. Ojalá puedas ver cosas que te detengan. Ojalá puedas sentir cosas que jamás sentiste. Ojalá conozcas personas con puntos de vista diferentes. Ojalá vivas una vida de la que te enorgullezcas. Y si no es así, ojalá tengas la fuerza para empezar de cero"
Y para cerrar con estas crónicas -reflejos de mi experiencia-, un fragmento que me identifica muchísimo, es de la última parte de la película El curioso caso de Benjamin Button, basada en una historia escrita por Scott Fitzgerald:
"Nunca es demasiado tarde o temprano para ser quien quieres ser. No hay límite de tiempo, empieza cuando quieras. Puedes cambiar o quedarte igual. Esto no tiene reglas. Sacarle lo mejor a tu peor momento. Ojalá le saques lo mejor. Ojalá puedas ver cosas que te detengan. Ojalá puedas sentir cosas que jamás sentiste. Ojalá conozcas personas con puntos de vista diferentes. Ojalá vivas una vida de la que te enorgullezcas. Y si no es así, ojalá tengas la fuerza para empezar de cero"
Crónicas desde el final del puerperio: "Encontrando las palabras"
26 noviembre 2009
Para la crónica anterior, click acá.
Encontrando las palabras
En todas las historias de la mitología grecorromana, el héroe tiene que descender al Hades. El Hades es el reino de lo oscuro, de los muertos. El viaje tiene como objetivo enfrentar al protagonista con su verdad y a la vez, con su destino y devolverlo al mundo de los vivos más sabio, más fuerte y entrenado para llevar a cabo su misión. En ese viaje suele encontrarse con pérdidas que le han dolido mucho, hablar con muertos que le dan consejos y exorcizar su dolor para seguir adelante.
No, no soy Ulises, pero tuve mi descenso, mi viaje personal para conocerme. En ése lugar me ví cara a cara con lo que fui, con lo que soy y con lo que quiero ser.
Como conté en la entrada anterior, algunos hechos aislados y la certeza de que me había "escapado" del puerperio, me llevaron a transitarlo nuevamente, en calma y sosegadamente.
En septiembre de 2008 le detectaron a Guille una displasia de caderas y le colocamos un arnés de pavlik. Como ya conté muchas veces, el arnés deja al bebé con movimientos reducidos: sólo puede mover los brazos. Yo necesitaba vivir nuevamente el lugar del que había huido, y por cosas del azar -o no tanto- me encontraba nuevamente con un bebé que tenía condiciones similares a las de un recién nacido.
Llegó el tiempo de satisfacer todas las demandas, pero también fue el momento de ponerle palabras a eso que me pasaba. Y le conté a esa beba de 6 meses qué dolores tenía guardados en el alma, le conté que los relatos de mi nacimiento eran confusos y que lo único que sé con certeza es que mi papá quería un varón al que iba a llamar Pablo. No sé cómo llegué a este mundo, ni si fui amamantada o no. Pero sí sé que llegué de "sorpresa". No sé si fue deseada, sí sé que fui amada. El resto cayó en el olvido y esos relatos simplemente no están. Le conté a mi hija que sufría porque fui criada entre gritos y golpes, y que era muy difícil separar ese desamparo del amor: había llegado a la maternidad sin saber "dar" porque nadie me lo había enseñado nunca. Le conté que era perfeccionista y detallista y que siempre había alcanzado mis metas con éxito y reconocimiento, y que nuestra lactancia fue la primera derrota de mi vida. Le conté cómo me dolía la distancia con mis hermanas y los duelos que seguían fresquitos, dispuestos a ser revisados y dolidos y llorados como corresponde. Y le conté mil cosas más. No sé si liberé a mi hija de mi angustia, pero sé que me sirvió para mirar hacia adelante y decidir qué quería hacer de ahí en más con mi maternidad y con mi vida.
A Guille le quitaron el arnés y volvimos lentamente al reino de los vivos. Con muchas preguntas que fui resolviendo poco a poco a lo largo de este año. Lo más difícil había pasado y no habíamos enloquecido. ¿Quién me cuidó las espaldas para el viaje? David, que supo escuchar -tal vez de manera inconsciente- mis reclamos. Mis amigas, las virtuales y las reales, cuando pude empezar a poner en palabras todo lo que me pasaba. Las palabras, porque como leí alguna vez en las paredes de un aula "cada palabra escrita es una victoria contra la muerte".
Crónicas desde el final del puerperio: "El camino de poner a la luz mi sombra"
25 noviembre 2009
De a poco estoy empezando a poder escribir sobre mi puerperio. Hace rato que tengo ganas de compartir algunas cosas, sobre todo porque quizá a alguna le sirva -no porque lo vaya a vivir igual ya que cada puerperio, como cada maternidad, es único- y se sienta acompañada. También quiero dejar registro de esto ahora, que estoy encontrando las palabras para escribirlo. Ayer vimos Vals con Bashir, el analista le dice al protagonista en un momento: "La memoria nos lleva adonde queremos ir". Aquí estoy yo, acordándome de todo esto, por algo será que quiero ir hasta ahí. Imposible contar todo lo sucedido en estos 20 meses en una sola entrada, lo dividí en crónicas, partes, pedazos, retazos: como quieran llamarlos. La primera, la más dolorosa.
El camino de poner a la luz mi sombra (marzo/septiembre de 2008)
Intento retrotraerme a los primeros tres meses. Me cuesta, hay algo en mí que me produce un profundo malestar. No digo tristeza, porque realmente ese sentimiento se ha ido diluyendo con el tiempo. Básicamente, los primeros tiempos deben parecerse mucho a los de todas: te ponen un bebé en brazos y no tenés mucha idea de la dimensión de lo que te espera.
Para mí fue el derrumbe emocional. Quedé completamente desprotegida y expuesta. Me aterraba la posibilidad de la muerte. Tanto que estaba prohibido mencionar cualquier término relacionado con ella. Por ejemplo, si David decía: "Esta nena está muerta de calor", yo armaba un escándalo. No quería que se mencionara la muerte en relación a mi beba recién nacida. Era casi una fijación, tanto que le hice el análisis de bilirrubina 4 veces en tres días (qué bobo el médico que me lo permitió, no?)
De esos primeros días tengo imágenes borrosas, oscuras: me recuerdo mirando a Guille todo el tiempo, sin dormir, llorando por el dramón de la lactancia. Momentos duros que en vez de afrontar y bucear en ellos y en mis sentimientos, dejé pasar. Supongo que no estaba dispuesta a transitar el camino del puerperio y decidí obviarlo. Y lo escondí debajo de la alfombra. Es muy difícil describir la angustia en medio de la felicidad, es una sensación que se vive con cada célula del cuerpo y no puede transcribirse en palabras.
Y a los tres meses volví al trabajo. Y me sentía triste, lloraba en el colectivo de ida y en el de vuelta.
Viví como una afrenta el hecho de que mi hija "se apropiara de mi vida", no pude entregarme a la fusión emocional que exige el puerperio hasta muchos meses después del nacimiento de Guille, y en ese no entregarme perdí muchísimas cosas.
Viví como una afrenta el hecho de que mi hija "se apropiara de mi vida", no pude entregarme a la fusión emocional que exige el puerperio hasta muchos meses después del nacimiento de Guille, y en ese no entregarme perdí muchísimas cosas.
Cuando llegaba del trabajo, me costaba volver a conectar con mi maternidad, me costaba mirar a mi hija porque sentía que yo le había provocado ese dolor de no estar, de no tenerme. Fue difícil, lo miro en retrospectiva y no sé cómo pude seguir adelante tan sola, sin un grupo de ayuda o alguien que me contuviera. Yo misma negaba cómo me sentía, me encerré en mi misma y en mi casa, buscaba justificarme: hace mucho frío, hay demasiado humo en el ambiente (por ese época quemaban pastizales en mi zona).
Los cólicos fueron el abismo: estábamos muchas horas solas, y Guille lloraba mucho. Algunas cosas las recuerdo fugazmmente: apenas se esbozan y mi alma las desvanece ¿será que aún no puedo soportarlo?
Convencida de que "me iba a hacer bien", tomé más horas como reemplazante en una escuela técnica cerquita de casa. Como era de esperar, jamás pude conectar con esos chicos: nos hicimos la vida imposible mutuamente. Los chicos se portaban increíblemente mal, peo yo estaba tan metida para adentro que no me sentía capacitada para controlar la situación, los dejaba hacer. Me sentía agotada emocionalmente, volvía todos los días llorando a casa, haciendo responsables de esa tristeza a mis alumnos, que seguramente eran insoportables (arrancaban partecitas de baldosas sueltas y se las tiraban entre ellos, ¡ay!), pero tampoco eran los culpables de mis males de ese momento. Cuando Guille dormía, pasaba las tardes anestesiada mirando Dr. House y lloraba en todos los episodios, incluso me quedó una especie de rechazo y ya no miro las nuevas temporadas. Tuve una sensación profunda de soledad y muerte.
Y por otro lado, el terrible contraste de ser feliz: tener en brazos a Guille, escuchar sus risitas, ver sus sonrisas. Ese contraste me estaba volviendo loca y no entendía por qué me sentía así. Así empecé a entrar a los foros de maternidad y descubrí que no era la única que tenía esa sensación, aunque debo decir que algunas lo llevaban mejor que otras, supongo que porque estaban más acompañadas por sus familias o porque habían asumido que ese período era necesariamente así.
Escuché hablar por primera vez de Laura Gutman y de Carlos González, pero mucha bola no les di porque pensaba que eran libros de autoayuda (sí, soy muy prejuiciosa...no se ofendan pero no me gustan los libros de autoayuda). Un día de agosto de 2008, revisando libros en la librería Cúspide, encontré La maternidad y el encuentro con la propia sombra -el libro de Gutman- y lo compré. Y las cosas lentamente empezaron a suceder, los acontecimientos me iban llevando a ese tan temido puerperio, y esta vez decidí afrontarlo. Me enfermé: después de una sinutsitis muy fuerte, tuve una hemorragia en la boca que el odontólogo no sabía cómo frenar y que cedió solo después de dos horas y una dolorosísima cauterización. Guille se enfermó también, por primera vez. Creo que esa díada mamá/bebé volvían a reunirse por medio de la enfermedad, de la manifestación del síntoma. Todo el dolor guardado ahí en lo profundo, en la sombra, se escapó en sangre.
Lloré tanto después de leer el libro de Gutman que creo que me exorcisé de todos mis temores. Fue ahí en donde volví a buscar mi puerperio, a sacarlo del escondite en donde lo había guardado, a rescatarlo para transformarlo en algo más productivo y sanador. A poner a la luz todas mis sombras.
Encontrar el equilibrio en la vida familiar
11 noviembre 2009
Ayer la reunión de La Liga fue muy movilizadora para mí. Se habló de Crianza y Lactancia. Leímos un texto en donde se recopilaban los 8 ideales de la Crianza Afectuosa propuestos por Attachment Parenting International. Uno de los que más discutimos es éste que comparto con ustedes:
Mantener el equilibrio en la vida familiar
Los padres deben prodigarse cariño entre sí así como a sus hijos, especialmente cuando están satisfaciendo las necesidades intensas e inmediatas de los niños. El equilibrio es la llave para evitar que los padres se agoten. Todos los miembros de la familia necesitan ejercitarse, tener un momento de tranquilidad y alimentarse bien. Los adultos, ya estén casados o solteros, necesitan un sistema de apoyo social.
Realmente este punto me dejó muchas cosas para reflexionar. Volví a casa pensando en cómo la vida te va dando señales, como ese intercambio poderoso de mails con una mamá de la Red Social Familia Natural. O haberme topado en éste momento de mi vida con la cuestión del equilibrio familiar.
Hace unos meses atrás pensaba distinto acerca de muchas cosas. Y hoy me las estoy replanteando. No porque sea inconsecuente con mis ideas, sino porque los deseos y necesidades que tenía hace 6 meses se han transformado. En cierto punto debo decir que si cambió mi opinión es porque cambiaron mis deseos. Y de a poco vamos buscando nuevamente un equilibrio que nos lleve a ser felices a los tres y a ese nuevo hijo que estamos pensando.
David, Guille y yo tenemos necesidades diferentes a las de hace un año atrás. Y creo que debemos escuchar esas necesidades. Estoy absolutamente convencida de que mi hija está preparada para relacionarse con el afuera, por un tiempo más será de mi mano. Y después tendrá que aprender a transitar de los brazos de mamá o papá a los de nuestra red de apoyo, y finalmente a los de las instituciones sociales cuando se escolarice.
No estoy agotada, pero siento con más fuerza que necesito un espacio propio en el cual moverme. Pensé que este deseo iba a demorar más en aparecer, pero las sombras del puerperio parecen empezar a disiparse y sinceramente creo que todos estamos preparados para volver a ser individuos no fusionados. Tuvimos suerte de poder compartir muy juntos este período, de poder acomodar horarios y de dedicarnos a la crianza en exclusiva de nuestra hija. Tal vez sea hora de volver a reestablecer el equilibrio con el mundo...
¿Y ustedes? ¿Desde cuándo sintieron que necesitaban tiempo de individualidad? ¿En qué período están con respecto a esto? ¿Con qué red de apoyo cuentan?
La tristeza también se va
01 noviembre 2009
"...si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza tambiénse va..."
Jorge Drexler
Veo con sorpresa cómo se va cerrando un ciclo. Empecé a presentirlo hace un tiempo, cuando ví que necesitaba espacio propio y entre dientes masticaba proyectos. Pero sobre todo cuando el dolor por las cosas que no fueron se empezó a disipar.
Asumí responsabilidades, me miré de frente y volví a construirme como mamá. Muchas cosas pasaron y me encontré en el camino con gente maravillosa. Esas personas cambiaron mi visión sobre muchas cosas, pero mi vida la cambié yo cuando decidí dar marcha atrás, tirar las cosas inútiles y arrancar de cero.
Las culpas se disiparon y la tristeza dio paso a la sensación de haberme fortalecido como persona. Y esto es lo que ví entre esas sombras:
¿Por qué no tuve un parto vaginal? ¿Fue mi cesárea necesaria?
La primera respuesta es muy simple: muchas cosas de mi vida personal bloquearon la salida de Guille, que simplemente dijo "Hasta acá llego yo con esto mamá" y se quedó sentada en la panza, conciente de que o yo buscaba la solución a mis problemas o el parto no iba a ser. Y no fue.
Con respecto a la segunda pregunta, después de darle muchas vueltas y de dudar y desconfiar de todos, hoy respondo que sí: que fue una cesárea necesaria. Y no por razones estrictamente médicas (o al menos no por las que me dio el obstetra), sino porque yo no estaba preparada ni psicológica ni físicamente para un parto de nalgas. No tenía ni idea de la fisiología del parto y hubiera sido una locura entregarme a alguien que ni siquiera quería arriesgarse a asistirme en esa condición. La forma en la que se hizo es otra cosa, sigo pensando que hubiera sido mejor esperar a que se desencadenara el trabajo de parto o al menos hubiera estado bueno que se me informara acerca de las opciones que teníamos.
Yo no me quise hacer cargo de nada de eso, tal vez no era el momento, tal vez me estaba reservado éste camino. Más allá de los factores médicos, mi sabiduría femenina me dice que eso era lo que necesitaba. Cambiaría algunos detalles, pero la historia sería la misma. ¿La enseñanza? Ahora sí estoy preparada.
¿Por qué no pude con la lactancia exclusiva?
Acá también arranqué echándole la culpa a medio mundo: que el médico no colaboró, que me recetó nutrilón a los 4 días (aunque no se la haya dado fue una tentación terrible y finalmente cedí), que estuve muy sola, que los primeros tiempos fueron muy duros, que no tuve información de calidad, que la información que tuve no la utilicé bien. Tal vez muchas de estas razones sean verdaderas, aún así hay dos cosas que asumí hace algún tiempo atrás: me costó construir el vínculo con mi hija y fui vaga. Para llevar adelante una lactancia exclusiva hay que tener mucho aguante físico y emocional durante los primeros días. Y yo no lo tuve, fui débil y me dejé arrastrar hasta la lactancia mixta. Tal vez a muchos les suene terrible que lo reconozca, a mí no. Lo que más me dolió fue descubrir lo mucho que me costaba relacionarme con mi hija. Y ojo, no se vayan a creer que la dejaba tirada por ahí, no. Concientemente me ocupaba de ella: le cambiaba los pañales, la miraba dormir durante horas, pero no podía hacerme cargo de su nutrición emocional. Y lloré, y sentí culpa, entré en un túnel en donde no se veía nada. Y después de un año reconstruyendo lo que se había quebrado, simplemente la tristeza se esfumó. Y la culpa también. Ya no me siento mal por esto. Muchas de las cosas que necesitaba escuchar, para convertir todo lo que pasó con respecto a la lactancia en algo positivo, las encontré en la Red Social Familia Natural y en el Grupo de apoyo a la Lactancia Materna de la Liga de la Leche Rosario. ¿Cómo es eso? Simple: ver que las mamás que amamantan son iguales a mí me ayudó un montón. Ver que realmente no se creían mejores que yo, también. Es raro esto que digo pero antes tenía la fantasía de que por no amamantar iba a ser rechazada entre los padres vinculados a la crianza con apego. Y no, todo lo contrario, me recibieron con los brazos abiertos, escucharon mi historia y me hicieron sentir que valía, al menos para que otros no pasen por lo mismo o para que yo misma no pase por lo mismo. Me mostraron el camino para que la próxima vez pueda decidir con libertad, teniendo buena información y apoyo del que se agradece.
En un momento llegué a un lugar en donde pensé que había hecho todo mal, esa era la sensación que tenía. Pero de a poco eso fue cambiando: sentía que había hecho algunas cosas bien y otras mal y que las que estaban mal podían ser revertidas, sanadas, hechas de nuevo con sinceridad y desde un buen lugar.
Me di cuenta de que los únicos que podemos decidir por la crianza de Guille somos David y yo y que vale la pena escuchar nuestros deseos más profundos. Hoy siento una enorme confianza en mi labor como mamá. Y creo que las mamás hoy por hoy nos juzgamos demasiado. Tal vez valga la pena valorar lo bueno que hacemos.
Un día me descubrí pensando que no era tan terrible todo lo que habíamos pasado, que era hora de dejar de llorar y aprovechar lo que sí habíamos hecho bien. Cuando fui conciente de por qué había fracasado nuestra lactancia, no lloré por las defensas que mi hija no iba a incorporar, lloré porque me di cuenta de que había afectado a la calidad del vínculo. La maternidad -como ya dije cientos de veces- nos da muchas oportunidades de reparar. Reconstruí el vínculo desde otro lugar y siento que es hora de seguir adelante. Sé que todo este camino no fue en vano, que fue necesario para que ese lugar de la crianza de Guille no quede como la parte rayada del disco en la que siempre se traba la vida -como nos dice la metáfora de Laura Gutman-, que fue necesario para volver a encontrar las ganas y las energías necesarias para concebir otro hijo.
Con todo lo aprendido en las sombras, vuelvo a mi luz. Porque donde habitan los monstruos también encontré belleza.
La realidad está callada
25 octubre 2009
"Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa"
Alejandra Pizarnik en "La palabra que sana"
Siempre me acuerdo de aquél profesor de teoría literaria que insistía con la diferencia entre "realidad" y "lenguaje". Nos decía "el realismo en sentido estricto no existe, es solo un estilo literario que tiene ciertas aspiraciones. No hay manera de que la realidad pueda ser trasvasada a las palabras ya que responden a lógicas diferentes". Es así, la realidad jamás puede ser encerrada en el discurso, no hay forma: están hechos de sustancias diferentes.
Hace meses que tengo ganas de contar cosas acerca de mi puerperio. Pero no encuentro palabras. A veces creo que eso me pasa porque aún no es el momento. Pero hoy creo que no, creo que tiene que ver con esas sustancias diferentes de las cuales están hechos la realidad y el lenguaje. ¿Cómo poner en palabras un bloque de experiencias sin dejar nada afuera? ¿Cómo hablar de una experiencia puramente tridimensional a través de la linealidad de las palabras? ¿Cómo hacer entender ese pozo en el que caemos sin que se malinterprete y me olvide de la felicidad que me provoca mi hija?
Tengo muchos fragmentos "sueltos" de diferentes períodos de mi puerperio: del que pensé que duraba 40 días, del que destiné a un cajón bajo 30 llaves, del que reconocí a los 5 meses de mi hija, de este que me está queriendo soltar hacia la luz. Esos textos escritos en agendas, o en el lado limpio de evaluaciones que me sobraron, o en restos de papel, son solo eso: fragmentos de la experiencia, palabras lineales incapaces de abarcar este todo que soy, que somos mi hija y yo.
Se me ocurre a veces hacer una "lista" de cosas sueltas acerca de estos intensos 19 meses. Pero aún así faltaría una gran parte que es solo sensorial, incapaz de encerrarse en palabras. Este mismos blog no puede reflejar ni el 5% de la realidad de mi vida y siempre que escribo lo tengo en cuenta...esperando que mis lectores también entiendan eso. Las palabras son fragmentarias, la experiencia real, vívida, la existencia y todos sus olores, sensaciones, luces y sombras es otra cosa. Hoy, desconfío más que nunca de las palabras. La realidad está callada, a la espera de ser interpretada, manoseada, vivida.
¿Habrá tiempo para poner en palabras? Tal vez deba esperar a mirarme en perspectiva, a estar afuera del todo para, aunque sea, dar cuenta de ese fragmento.
Si solo somos luces y sombras -e incluso si solo somos las sombras de la caverna como sostenía sabiamente el Griego- la foto que ilustra el post sería de lo más acertada.
Parole, parole, parole...
"Tiempo para mí"
01 septiembre 2009
En dos días Guille cumple 18 meses. Hoy, por primera vez desde el día de su llegada, estuvo varias horas fuera de casa, ni papá ni mamá estuvieron presentes en esas horas. Guille se fue a pasar la tarde a la casa de sus abuelos paternos. Mi suegra la cuida un par de veces por semana, pero se quedan en nuestra casa y son poquitas horas.
Hoy fue distinto, David la llevó a la casa de sus viejos a la mañana y se fue a trabajar al mediodía.
Hoy fue distinto, David la llevó a la casa de sus viejos a la mañana y se fue a trabajar al mediodía.
Cuando llegué de trabajar aproveché para hacer algunas compritas (entre otras, el regalo de cumpleaños de mi suegra) y volver a casa a dormir una siesta.
A la mañana me fui sabiendo que iba a ser raro. Definitivamente llegar a casa y no escuchar a Guille, lo fue. Tuve esa sensación de que una parte de tu cuerpo está en otro lado.
Y me busqué en la que era antes, cuando llegaba a casa después del trabajo, intenté recordar qué cosas hacía. Y no pude reconocerme.
Y sin embargo, tenía ganas de descansar un poco. Me acosté a dormir la siesta. En veinte minutos me estaba cambiando para ir de mi suegra a buscar a Guille. Ir a trabajar es otra cosa, estar sin mi hija "porque sí" aún me es extraño.
Hoy más que nunca sé que soy otra. Y lo mejor de todo: sé que no hay retorno.
Y sin embargo no recuerdo haberme aburrido....antes.
Hoy más que nunca sé que soy otra. Y lo mejor de todo: sé que no hay retorno.
Y sin embargo no recuerdo haberme aburrido....antes.
Arde la vida
19 agosto 2009

A mis hermanas,
"...cuando ardió la pérdida, reverdecieron sus maizales"
Cuando Guille nació, yo no estaba preparada para la vida. Muchos años estuve tan cerca de la muerte, que su nacimiento me desconcertó.
Fueron años tormentosos, entre el ’99 y el 2000 mi mamá y mi papá fallecieron. Murieron ambos de cáncer, eso incluye noches enteras en el sanatorio, operaciones que nos tenían durante horas delante de la puerta de terapia intensiva, peleas enternas con las prepaga que se negaba a cubrir los gatos de los tratamientos oncológicos, estudios de contraste, espera de los resultados, vómitos, llantos y la noche más larga de mi vida . Hasta llegué a llevarme la bolsa de dormir al Británico para poder descansar un rato. Fuera del sanatorio me dedicaba por completo a la “carrera”, y me lo tomaba así: con una exigencia terrible, aferrada a eso que creía que podría salvarme del dolor
No fue fácil dejarlos ir. Significó mucho esta pérdida para mí, significó crecer y a la vez “ser”, ya que más allá del amor que nos teníamos…no nos habíamos dejado “ser”. No habíamos sabido convivir con el deseo del otro y vivíamos en un campo de batalla en donde siempre se imponía un deseo, ahogando lo que necesitaba el otro. Pero esa dinámica era la vida que yo tenía. Y fue muy difícil cambiarla. Esa vida, esa batalla, estaba asociada al amor. Y hacer el duelo del amor fue un camino larguísimo.
Mi papá falleció de cáncer de pulmón el 10 de mayo del ‘99. Murió 30 días después de que se lo diagnosticaran. No se enteró de mucho. Pero su muerte fue un golpe durísimo para mi familia. Cinco días después se casaba mi primo, fuimos con mi mamá y mis hermanas a comprarnos algo de ropa. Pensamos que salir nos aliviaría. Pero no, ver gente viviendo su vida al margen de nuestro dolor fue aún más desolador. Parece de película mediocre, pero recuerdo terminamos las cuatro abrazadas, llorando, en la esquina de Mitre y Córdoba. Así somos las “Serenelli’s”, en realidad así somos las “Santi’s” diría mi tía paterna (y es cierto, nunca la vi desgarrarse así).
Como digo siempre, mi viejo murió estando demasiado vivo. Pasaron los meses y se me fue yendo esa sensación de “irrealidad”, de a poco comprendí que ya no nos veríamos nuevamente. Y que las palabras que no fueron dichas no podrían ya ser recuperadas. Y de a poco lo dejé ir. Me di cuenta de que ese proceso comenzaba cuando por fin pude empezar a hablar de él, a contar lo que había pasado.
Mi mamá murió de cáncer de colon el 27 de agosto de 2000, hacía dos años que la venía peleando. Varios ciclos de quimio la habían dejado devastada. Pasamos tantas noches en el Sanatorio Británico, juntas, tomadas de la mano y aferrándonos a la vida que se escapaba. Me despedí de ella un sábado a la tarde, en la habitación sonaba Edith Piaff -mi hermana mayor había llevado un pequeño grabador- y yo sentí que en ese cuerpo tendido en la cama ya no estaba mi mamá. Salí del sanatorio quebrada, tratando de olvidar esa imagen para quedarme con lo otro: las tardes de sol en bicicleta por el Campo de la Gloria.
Murió el domingo a las 2 de la tarde, estaba haciendo un lemon pie y llamaron mis hermanas: lloramos en el teléfono –en ese momento vivíamos en San Lorenzo y mi mamá estaba internada en Rosario- nos dijimos que nos queríamos y que íbamos a estar juntas. Corté, me quedaba por delante lo peor: decírselo a mi abuela Irma, la mamá de mi mamá. No pude más, entré al baño y se lo dije, nos abrazamos llorando y prometí acompañarla.
Desde siempre tuve una relación muy especial con mi abuela, estábamos “sintonizadas” a tal punto que nos dolían las cosas que le pasaban a la otra. Estábamos “fusionadas”, si se pinchaba el dedo con una aguja, a mi me dolía. Parece una locura, pero era así. Los tres años que mi abuela sobrevivió a mi mamá creo que le sirvieron para irse bien de este mundo, sin pesar. Y a mi me sirvieron para despedirme de ella serenamente.
Después del entierro de mi mamá, nos pegamos mucho a nuestra tribu “del barrio”. A las vecinas que nos traían comida y que cuidaban a mi abuela –que era minusválida desde joven- cuando nosotras estábamos trabajando o estudiando. Hicimos grandes cosas las cuatro juntas, logramos vender la “casa grande”, vivimos sin matarnos en la vieja casita de mi abuela y empezamos a construir nuestra independencia.
Fueron años tormentosos, entre el ’99 y el 2000 mi mamá y mi papá fallecieron. Murieron ambos de cáncer, eso incluye noches enteras en el sanatorio, operaciones que nos tenían durante horas delante de la puerta de terapia intensiva, peleas enternas con las prepaga que se negaba a cubrir los gatos de los tratamientos oncológicos, estudios de contraste, espera de los resultados, vómitos, llantos y la noche más larga de mi vida . Hasta llegué a llevarme la bolsa de dormir al Británico para poder descansar un rato. Fuera del sanatorio me dedicaba por completo a la “carrera”, y me lo tomaba así: con una exigencia terrible, aferrada a eso que creía que podría salvarme del dolor
No fue fácil dejarlos ir. Significó mucho esta pérdida para mí, significó crecer y a la vez “ser”, ya que más allá del amor que nos teníamos…no nos habíamos dejado “ser”. No habíamos sabido convivir con el deseo del otro y vivíamos en un campo de batalla en donde siempre se imponía un deseo, ahogando lo que necesitaba el otro. Pero esa dinámica era la vida que yo tenía. Y fue muy difícil cambiarla. Esa vida, esa batalla, estaba asociada al amor. Y hacer el duelo del amor fue un camino larguísimo.
Mi papá falleció de cáncer de pulmón el 10 de mayo del ‘99. Murió 30 días después de que se lo diagnosticaran. No se enteró de mucho. Pero su muerte fue un golpe durísimo para mi familia. Cinco días después se casaba mi primo, fuimos con mi mamá y mis hermanas a comprarnos algo de ropa. Pensamos que salir nos aliviaría. Pero no, ver gente viviendo su vida al margen de nuestro dolor fue aún más desolador. Parece de película mediocre, pero recuerdo terminamos las cuatro abrazadas, llorando, en la esquina de Mitre y Córdoba. Así somos las “Serenelli’s”, en realidad así somos las “Santi’s” diría mi tía paterna (y es cierto, nunca la vi desgarrarse así).
Como digo siempre, mi viejo murió estando demasiado vivo. Pasaron los meses y se me fue yendo esa sensación de “irrealidad”, de a poco comprendí que ya no nos veríamos nuevamente. Y que las palabras que no fueron dichas no podrían ya ser recuperadas. Y de a poco lo dejé ir. Me di cuenta de que ese proceso comenzaba cuando por fin pude empezar a hablar de él, a contar lo que había pasado.
Mi mamá murió de cáncer de colon el 27 de agosto de 2000, hacía dos años que la venía peleando. Varios ciclos de quimio la habían dejado devastada. Pasamos tantas noches en el Sanatorio Británico, juntas, tomadas de la mano y aferrándonos a la vida que se escapaba. Me despedí de ella un sábado a la tarde, en la habitación sonaba Edith Piaff -mi hermana mayor había llevado un pequeño grabador- y yo sentí que en ese cuerpo tendido en la cama ya no estaba mi mamá. Salí del sanatorio quebrada, tratando de olvidar esa imagen para quedarme con lo otro: las tardes de sol en bicicleta por el Campo de la Gloria.
Murió el domingo a las 2 de la tarde, estaba haciendo un lemon pie y llamaron mis hermanas: lloramos en el teléfono –en ese momento vivíamos en San Lorenzo y mi mamá estaba internada en Rosario- nos dijimos que nos queríamos y que íbamos a estar juntas. Corté, me quedaba por delante lo peor: decírselo a mi abuela Irma, la mamá de mi mamá. No pude más, entré al baño y se lo dije, nos abrazamos llorando y prometí acompañarla.
Desde siempre tuve una relación muy especial con mi abuela, estábamos “sintonizadas” a tal punto que nos dolían las cosas que le pasaban a la otra. Estábamos “fusionadas”, si se pinchaba el dedo con una aguja, a mi me dolía. Parece una locura, pero era así. Los tres años que mi abuela sobrevivió a mi mamá creo que le sirvieron para irse bien de este mundo, sin pesar. Y a mi me sirvieron para despedirme de ella serenamente.
Después del entierro de mi mamá, nos pegamos mucho a nuestra tribu “del barrio”. A las vecinas que nos traían comida y que cuidaban a mi abuela –que era minusválida desde joven- cuando nosotras estábamos trabajando o estudiando. Hicimos grandes cosas las cuatro juntas, logramos vender la “casa grande”, vivimos sin matarnos en la vieja casita de mi abuela y empezamos a construir nuestra independencia.
Pero el fantasma de la enfermedad y de la muerte habitó con nosotras demasiado tiempo. Mi mamá dejó instrucciones precisas acerca de lo que se "debía" hacer con los bienes materiales, procuró dejar todo arreglado para que yo pudiese terminar Letras sin trabajar. No contaba con el fin del gobierno de De la Rúa, ni con la crisis que vivió el país de ahí en adelante. Dejó también un diario contando sus días con la enfermedad. Al leerlo quedé atravesada por su propio miedo: el miedo a morir, a no ver a sus hijas crecer, a seguir sufriendo en cada quimio. Desearía poder dejarlo ir de entre mis manos, pero no puedo. Algo retiene ese diario en el cajón de los recuerdos. Tal vez soltarlo sería liberador, pero aún no estoy lista. Es lo único que conservo de esos días.
Hacer el duelo por los seres queridos que se van se parece, y mucho, al puerperio que hoy en día debemos atravesar las mujeres que afrontamos la maternidad: te puede llevar años construir este nuevo “yo”, esta nueva identidad que te da la muerte –en el caso del duelo- o la vida –en el caso del puerperio-. Pero la sociedad solo te ofrece un par de meses para hacer todo el proceso. Porque hay que “estar bien”, y lo paradójico es que no se puede “estar bien” sin afrontar los duelos en toda su magnitud.
En el camino, y antes de vender la casa familiar, también murieron el gato -Peteco, si, si…el mismo al que mi vieja llamaba desde la calle Peteeeeeeeeeeeee!-, y el perro (Pelé, un pekinés negro que estuvo 10 años con nosotros). Parece un detalle menor, pero esas muertes cerraban el ciclo de mi familia de origen: lo que había sido ya no sería más.
Dicen que para convertirte en madre necesariamente tenés que redefinir tu lugar de hija. Pero cuando nació Guillermina, hacía mucho tiempo que me había olvidado de lo que era ser hija. Y tuve que recordar, y volví a sentir el vacío, y me di cuenta de que había pasado demasiado tiempo sin hablar de mis viejos, de sus muertes tempranas y de la enfermedad que nos atravesó como familia.
Y sin embargo, necesito recordar, necesito que Guille sepa que esta es mi historia. Y que estos años duros me formaron como la persona que soy. Y que sin duda sería una persona muy diferente si no los hubiese vivido así. ¿Estaría mi hija hoy acá? ¿Existirían estas palabras?
Desde este dolor y desde esa profundidad estoy construyendo mi parte de esta nueva familia. Sin máscaras y sin silencios, para que no queden preguntas acerca de quién soy y de quiénes me acompañaron en este camino. Para que no queden baches en la historia de mi hija, ya que en la mía, hay demasiados silencios que ya no tendrán posibilidad de convertirse en voces.
Esa vida nueva que latía en una manta de lana aquél 3 de marzo, traería en su sombra estos recuerdos, esta parte de mi historia que había quedado oculta, tapada por todos los sucesos posteriores. Cuando descubrí que la falta de amor incondicional me había dejado con pocas herramientas para maternar, me enfurecí. Ya pasada la furia, me estoy reconciliando con lo que fueron mis viejos como personas, intento entenderlos y entenderme.
Seguimos caminando, mi puerperio cada vez está más lleno de luz. ¿Será que estamos listos para empezar a soltar?
Hacer el duelo por los seres queridos que se van se parece, y mucho, al puerperio que hoy en día debemos atravesar las mujeres que afrontamos la maternidad: te puede llevar años construir este nuevo “yo”, esta nueva identidad que te da la muerte –en el caso del duelo- o la vida –en el caso del puerperio-. Pero la sociedad solo te ofrece un par de meses para hacer todo el proceso. Porque hay que “estar bien”, y lo paradójico es que no se puede “estar bien” sin afrontar los duelos en toda su magnitud.
En el camino, y antes de vender la casa familiar, también murieron el gato -Peteco, si, si…el mismo al que mi vieja llamaba desde la calle Peteeeeeeeeeeeee!-, y el perro (Pelé, un pekinés negro que estuvo 10 años con nosotros). Parece un detalle menor, pero esas muertes cerraban el ciclo de mi familia de origen: lo que había sido ya no sería más.
Dicen que para convertirte en madre necesariamente tenés que redefinir tu lugar de hija. Pero cuando nació Guillermina, hacía mucho tiempo que me había olvidado de lo que era ser hija. Y tuve que recordar, y volví a sentir el vacío, y me di cuenta de que había pasado demasiado tiempo sin hablar de mis viejos, de sus muertes tempranas y de la enfermedad que nos atravesó como familia.
Y sin embargo, necesito recordar, necesito que Guille sepa que esta es mi historia. Y que estos años duros me formaron como la persona que soy. Y que sin duda sería una persona muy diferente si no los hubiese vivido así. ¿Estaría mi hija hoy acá? ¿Existirían estas palabras?
Desde este dolor y desde esa profundidad estoy construyendo mi parte de esta nueva familia. Sin máscaras y sin silencios, para que no queden preguntas acerca de quién soy y de quiénes me acompañaron en este camino. Para que no queden baches en la historia de mi hija, ya que en la mía, hay demasiados silencios que ya no tendrán posibilidad de convertirse en voces.
Esa vida nueva que latía en una manta de lana aquél 3 de marzo, traería en su sombra estos recuerdos, esta parte de mi historia que había quedado oculta, tapada por todos los sucesos posteriores. Cuando descubrí que la falta de amor incondicional me había dejado con pocas herramientas para maternar, me enfurecí. Ya pasada la furia, me estoy reconciliando con lo que fueron mis viejos como personas, intento entenderlos y entenderme.
Seguimos caminando, mi puerperio cada vez está más lleno de luz. ¿Será que estamos listos para empezar a soltar?
Por acá, arde la vida.
"Mamá de Lola", dibujando la crianza con apego
13 agosto 2009
Ayer, visitando el blog de Mihmita, una de las mamás que conozco del foro de Red Canguro, me encontré con una ilustración que llamó mucho mi atención. Di una vuelta por la página web de la cual provenía la viñeta y estuve un buen rato mirando las imágenes. Hubo varias que llamaron mi atención, pero cuando llegué a la entrada que se llama "¿Por qué llora tanto mi bebé?" realmente me conmoví y terminé llorando, me angustió muchísimo y me recordé hace un año atrás, con mi bebita llorando en brazos durante horas.
Creo que cuando una obra logra sensibilizar hasta ese extremo, es porque ha logrado su objetivo. Les dejo la viñeta que, amablemente, "Mamá de Lola" me autorizó a publicar. Los invito también a pasar por su web y disfrutar de sus ilustraciones sobre crianza con apego, portabebés, lactancia y más. Y aclaro que, aparte de conmoverme, me encanta la estética y el significado de la ilustración: el papá conteniendo a la mamá que sostiene, el atardecer, el rostro de la madre oculto y el bebé llorando. Muy lograda.
"¿Por qué llora tanto mi bebé?"
©2009 Mamá de Lola
La pérdida de identidad durante el puerperio
15 julio 2009

Por Laura Gutman
Junto con el fenómeno de fusión emocional, la aparición de la sombra y la locura necesaria para internarnos en una nueva esfera de conciencia, las mujeres nos encontramos fuera del mundo concreto pero en la obligación de seguir funcionando con sus reglas. Somos las primeras sorprendidas al reconocer que el lugar de trabajo, las amistades, los intereses personales que hasta hace poco consumían nuestra energía, se convierten en meros recuerdos ahogados por el llanto del bebé que nos reclama. esta realidad nos asusta y creemos que nunca más volveremos a ser la mujer maravilla, activa, encantadora, inteligente y elegante que hemos construido con tanta dedicación.
Con la aparición del primer bebé, además de la desestructuración física y emocional se hace evidente la pérdida de los lugares de identificación: nos ausentamos del estudio, del trabajo, dejamos de frecuentar los lugares de diversión, estamos sumergidas en una rutina agobiante, a disposición de las demandas del bebé; cada vez menos personas nos visitan y, sobre todo, tenemos la sensación de "perder el tren", de haber quedado fuera del mundo. La vida cotidiana acontece entre cuatro paredes, ya que salir con un bebé muy chiquito es a menudo desalentador.
Nos convertimos en "puérperas" durante un tiempo que se prolonga, según mi opinión, mucho más que los famosos 40 días. El puerperio no finaliza cuando el obstetra da "el alta" de la cicatrización de la cesárea o la episiotomía; no se trata de la recuperación definitiva del cuerpo físico después del embarazo y el parto, sino que tiene que ver con la emoción compartida y la percepción del mundo "con ojos de bebé". Doloridas, cortadas, humilladas en muchísimos casos por la situación del parto (aunque pocas mujeres tengamos conciencia de esto), chorreando por arriba y por abajo y con un bebé que llora sin poder calmarlo, nos encontramos con una angustia terrible que empeora después de las seis de la tarde, coincidiendo drásticamente con el horario más difícil para la criatura...A algunas mujeres se les suma la soledad, la falta de familiares o amigos que comprendan o la contengan, un marido que trabaja todo el día y el vacío que provoca este no reconocerse a sí misma.
Cuando proyectamos una mudanza a otro país, prevemos un período de adaptación, el aprendizaje de otro idioma, la aceptación de otros códigos de convivencia, la ausencia de amigos y un mundo nuevo para descubrir. La llegada del primer hijo produce en las mujeres una pérdida de identidad similar, aunque no sea exactamente como mudarse a otro país: ¡es mudarse a otro planeta!
Las mujeres puérperas tenemos la capacidad de estar "sintonizadas" en la misma "frecuencia" que el bebé, lo que nos facilita criarlos, interpretar las necesidades más sutiles y adaptarnos mutuamente a la nueva vida. Por eso es frecuente la sensación de estar flotando en otro mundo, sensible o emotivas, con las percepciones distorsionadas y los sentimientos confusos.
La situación es inversa pero no menos complicadas para las mamás que quieren o deben retomar el trabajo teniendo aún un bebé chiquito...Normalmente se exige a la mujer puérpera que "rinda" en el trabajo y que cumpla con la misma presencia prolongada que antes del nacimiento del bebé. Las mujeres "tienen que hacer de cuenta" que nada ha cambiado. Están obligadas a entrar de inmediato con el mundo exterior activo y poner la mente en funcionamiento.. Para lograrlo necesitan desconocer el estado de fusión emocional con el bebé que dejaron en casa, ya que el entorno laboral en general no avala ni facilita los estado regresivos. En estos casos, las madres no se permiten unir el mundo interno con el afuera.
Esta integración no está muy facilitada por nuestra sociedad, donde aparece una contrariedad: "Si trabajo tengo que dejar a mi bebé. Si estoy con mi bebé no pertenezco más al mundo". Hay muy pocos lugares públicos donde los bebés son tolerados, lo que acrecienta la separación de los ámbitos de la vida social de la mujer-sin-bebé del otro ámbito privadísimo de la mujer-con-bebé. Salir con el chiquito a cuestas requiere esfuerzo e imaginación, pero somos las mujeres las que debemos instalar nuestro ser madres-personas en los lugares de pertenencia prioritarios de cada una.
Tanto la situación de encierro como la situación de desconexión son estados no elegidos conscientemente por las madres, quienes en su mayoría viven la maternidad como sinónimo de soledad y ausencia de mundo externo, sin haber imaginado antes lo que significaba en realidad la presencia del bebé.
Tampoco contamos con gran ayuda externa, ya que nuestra sociedad desconoce profundamente la esencia del bebé humano. Lo observa con desconcierto, intentando comprenderlo desde el punto de vista del adulto y pretendiendo que se adapte al mundo funcional de los mayores. Esta gran distancia entre ambas frecuencias aumenta la sensación de soledad e incomprensión de las madres recientes.
En Laura Gutman: La maternidad y el encuentro con la propia sombra, Del Nuevo extremo, Buenos Aires, 2007.
El puerperio y la vuelta al trabajo
16 junio 2009
Hace casi un año volvía al trabajo después de mi licencia por maternidad. No sé cómo lo hice y mucho menos me acuerdo qué fue lo que hice. Tengo borrados los nombres de mis alumnos del año pasado. Recién ahora, leyendo mis posts del foro en el que escribía, puedo recordar algunas cosas. Guillermina tenía 3 meses y medio. Desde el primer día decidimos que se quedaría por la mañana con David. Las dos tardes que yo trabajaba en ese momento la cuidaría Mirtha, mi suegra.
Sé que me fui tranquila: Guille estaba siendo cuidada por su familia, estaba en buenas manos. Pero así y todo no pude evitar el desgarramiento. Apenas podía concentrarme. No creo que haya sido una buena docente en ese momento. Así, los perjudicados de las cortísimas licencias por maternidad somos varios: principalmente la díada mamá-bebé, pero también aquellos que dependen del trabajo que hacemos. Una puérpera necesita silencio, calma, bebé en brazos, libertad para fluir. Y el mundo del trabajo es otra cosa, y es otra cosa en serio, eso lo sabemos todos. Esto escribía en el foro el 22 de junio del año pasado:
"Hola chicas! Tanto tiempo....la verdad es que tuve una semana complicada y ahora que ya empecé a trabajar creo que se me va a hacer difícil seguirles el ritmo....jejeje. La verdad es que el comienzo estuvo mucho mejor de lo que yo esperaba...pero cómo la extrañé por diossss....me sentía re sola cuando, en realidad estaba rodeada de un montón de gente (mis alumnitos: había tarea profe!, mengano me tira el pelo!, me escondieron la lapicera!, puedo ir al baño?, no entiendo!....y ese tipo de cosas durante tres horas con cada curso...por dios, después de tanto silencio me volví re loca...no los quería escuchar másssss). La sala de profesores era peor...había una mala onda terrible por las cosas que están pasando en el país....si hablo de eso me pongo peor , así que opté por ponerme a pavear con unos compañeros, firmar una moción de paro (el sueldo es bajo y vale la pena luchar para que nos aumenten...pero entre nosotros chicas: yo quiero estar en casa...jejeje). Bueno....igual no estuvo tan malo, lo malo es que después de todo un día de trabajo hay que llegar, hacerse cargo de la casa y de un bb chiquito y es bastante agobiante....puffffffff".
En ese momento yo no entendía por qué sentía esa incomodidad tan profunda con mi trabajo. Pensaba que estaba mal sentirme así, que no podía ser. No entendía por qué yo no estaba ansiosa por volver al mundo del trabajo, como la mayoría de las mujeres que conocía en ese momento. Y eso aumentaba mi angustia.
De todas formas seguía pensando que "trabajar, salir, dejar al bebé un rato" eran cosas que realmente me iban a hacer bien. Así que lo hice, me ofrecieron un reemplazo por 12 horas que implicaba dos tardes completas enteras afuera de casa, aparte de las otras dos tardes que ya trabajaba. Volvía llorando de esa escuela todos los días y en varias ocasiones tuve que hacer un esfuerzo enorme para no llorar delante de los chicos.
Así el mundo seguía su rumbo y yo me incorporaba a él. Y mi puerperio, aunque ya llevábamos 4 meses transitándolo, no se instalaba del todo. Yo no dejaba que se instalara, tenía un miedo terrible a conectarme con eso, a ver lo que iba a ver.
Pero un día dije basta. Largué el reemplazo y me zambullí de lleno en la oscuridad de mi alma, y lloré y pensé y recordé y renací. Finalmente renací. Fue un camino durísimo. Darme cuenta de que lo que necesitaba era replegarme, quedarme en casa, trabajar lo mínimo. Pude hacerlo, pude elegir y estoy feliz de haber tomado esa decisión y de que mi marido me apoyara en todo. Ya algún día contaré todo mi puerperio y cuál fue el detonante máximo por el cual logré conectarme conmigo misma. Por ahora solo esta reflexión acerca de lo duro que es para una mujer puérpera volver al trabajo. Porque del silencio y la conexión con tu bebé salís a un mundo que siguió su curso, que no paró un momento y que hace de cuenta que vos sos la misma que salió de licencia por pre parto 4 meses antes.
También fue desconcertante (lo es aún hoy) el hecho de ver que, a pesar de estar en un ambiente mayoritariamente femenino, en donde casi todas mis compañeras ya han tenido hijos, no me sentí "acompañada". Todo lo contrario, me encontré con un montón de mujeres viviendo su maternidad "a los ponchazos", saliendo al mundo lo antes posible "porque hace bien" y recomendándote que hagas lo mismo. Incluso he escuchado a más de uno diciendo: "Si la licencia era más larga, yo enloquecía". Claro, de eso se trata el puerperio, de enloquecer y de que alguien nos cuide en ese desvarío.
Agradezco a mi alma por haber sentido esa terrible incomodidad y permitirme volver al lugar del que no debí salir en estampida. Seguimos caminando.
Después de ser mamá
31 mayo 2009

Esta semana Dolores, una forera de la Red Social Familia Natural, planteó el tema de las cosas que cambiaron en nosotros con la maternidad. Esta es mi respuesta.
Quiero empezar con la más grande de mis transformaciones: aprendí a tener paciencia. Y no es poco, porque en el mundo apresurado en el que vivimos, tener paciencia es todo un desafío. Es ir a contramano del mundo. Cuando Guille no se quiere vestir, cuando no quiere comer, cuando no quiere dormir: pongo en marcha la paciencia. Aprendí a esperarla y a esperarme. No siempre lo logro, pero sé que tengo que ponerlo en práctica cada día.
También, y como es lógico, cambiaron mis prioridades. Si bien estaba alejada de mi carrera profesional, pensaba retomarla en algún momento. Después del nacimiento de mi hija las cosas cambiaron totalmente en este aspecto. No sé si esto exista, pero "cambió mi vocación" en el sentido de que ya nada de lo que antes me parecía fundamental para mi existencia me interesa. Me descubro interesadísima en saber sobre parto, puerperio, lactancia, trabajo en casa, etc. ¿Volveré al viejo camino alguna vez?¿ya pasará esta fiebre o es mi nueva vocación?¿cómo decido qué es lo que quiero realmente cuando la verdad fue absoluta durante tantos años?¿alguna vez volverá a interesarme la investigación o la crítica literaria? No sé, por ahora disfruto de lo que sí me agrada. A veces me cuesta horrores pararme ante un grupo de 30 chicos adolescentes a explicarles algo en lo que en realidad ni siquiera estoy segura de para qué sirve (el gran dilema de todo profesor). Sí sé que la educación vale la pena, que la cultura vale la pena, pero aquello que "debe" ser "transmitido" ya no me es tan claro. A veces me basta con que aprendan a defenderse, a cuestionarse, a preguntarse, a conocerse. Claro que todos estos temas no aparecen en el programa de "Lengua" y algo adentro mío entra en conflicto con "mis" saberes.
Así, tengo que decir que la maternidad, cambió rotundamente la relación con mis alumnos. Intento acompañarlos en sus procesos de aprendizaje sin interferir tanto. Abandoné mi puesto frente al pizarrón y nunca más volví a dictar nada. Los dejo hablar, los escucho y después los invito a sacar sus propias conclusiones. Mis visión del proceso enseñanza/aprendizaje ha cambiado totalmente. Y tiene que ver con mi maternidad. Identifico a los chicos abandonados emocionalmente, a los que sufren las violencias cotidianas y a los que sufren la violencia sobre sus cuerpos. A veces logro acompañarlos. Otras veces el dolor es tanto que siento que tengo que correrme, ponerme a salvo.
Otro cambio fundamental fue dejar de actuar de manera racional para empezar a sentir, a dejarme fluir, a poner en acción mi parte instintiva. Pero debo decir que esto me costó muchísimo y que lo logré a medida que mi hija fue creciendo, en medio del puerperio. Se ve que "lo instintivo" lo tenía muy encerrado, reprimido, ahogado en la coraza.
Y lo que más cambió en mí fue la idea de "cambiar el mundo". Antes creía que cada cosa que hiciera por bien de la sociedad ayudaba, que cada voto "bien" puesto contribuía a un cambio (con "bien" me refiero a puesto desde la honestidad y no desde el clientelismo político), que ayudar a cruzar a la calle al ciego iba a hacer mejor a la sociedad. No digo que todo esto no sirva, digo que los resultados en muchas ocasiones fueron desoladores. En cambio, criar a mi hija con amor, empatía, respeto, hace que me sienta realmente plena en cuanto a mi contribución para una sociedad mejor.
También cambió mi visión sobre el pasado, sobre mi infancia y la de mis hermanas, sobre mi familia. Algunas cosas las veo positivas y otras negativas. Pero hacer el recorrido de analizar mi propia historia me ha ayudado muchísimo a comprender cada una de las cosas que hice y que hago.
Creo que fue una transformación muy profunda ser mamá y que soy una persona totalmente nueva, que nací nuevamente ese día, que mi existencia cambió totalmente. Como dice la canción de Manal: "Hoy recién hoy, el sol me quemó/ y el viento de los vivos me despertó"
Y en ustedes ¿qué cosas cambiaron después de ser mamás?
Nostalgia
14 mayo 2009

Mi bebita se hace mayor: da algunos pasitos sola, mira con atención los dibujos de sus libros y hasta aprendió a encajar las figuras del baldecito de encastre. Yo mientras tanto no dejo de pensar en el año y pico que pasó, lo que aprendimos, lo que lloramos, lo que reímos. Estoy nostálgica...será el frío que volvió y este otoño que me recuerda tanto esa primera parte de mi puerperio.
Nada en la vida se compara con la intensa vivencia de tener a tu bebé de días en brazos.
Puerperios
02 marzo 2009
"Hoy adivino qué me pasa
por qué mi nombre no soy yo
por qué no tengo una casa
por qué estoy sólo y no soy.
Porque hoy nací.
Hoy recién hoy,
el sol me quemó.
Y el viento de los vivos me despertó."
De "Hoy nací", Javir Martínez, interpretada por Manal
Cuando nacen nuestros hijos, volvemos a nacer...
por qué mi nombre no soy yo
por qué no tengo una casa
por qué estoy sólo y no soy.
Porque hoy nací.
Hoy recién hoy,
el sol me quemó.
Y el viento de los vivos me despertó."
De "Hoy nací", Javir Martínez, interpretada por Manal
Cuando nacen nuestros hijos, volvemos a nacer...
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Luisina Serenelli
Docente // Fotógrafa // Blogger //Feminista // Doula// Escritora // Lectora incansable // Mamá de Guille y Emi // Enamorada de David // En permanente deconstrucción y construcción




