Maternidad y trabajo
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Soy Roxi
23 agosto 2012
Si ya estaba atrasada con el año antes de enfermarme, esos días en cama me mataron. Volver al laburo, tomar las pruebas porque cierra el trimestre (y corregirlas!), vender las rifas del día del niño que me mandó la cooperadora de la escuela de Guille (y ahora encontrarlas, porque perdimos los troqueles), cerrar días de sesiones con dos embarazadas, pasar presupuestos para otras sesiones, programar la sesión del bebé de mi amiga que cumple 1 año en medio mes, sacar turno y conocer a la nueva fonoaudióloga de Guille, hacerle análisis a Emilio (sangre, orina y dos re complejos en donde hay que juntar las caquitas: me da mucho asco el frasco!), ir a la fiestita del 17 de agosto de la escuela de Guille. En el medio se llovió todo y un caño de desagüe pluvial de mis vecinos de arriba se rompió y me salió agua de tooooda la pared (alisada y pintada a nuevo hace menos de dos meses), el veredicto del plomero fue "acá hay que romper TODO". No doy más. Estoy cansadísima, tengo cero paciencia y mi casa sin limpiar hace más de dos semanas. Si alguno vez menciono la posibilidad de tener otro hijo, por favor, que alguien se acuerde de mandarme a leer esto. Estoy (posta) en el peor momento de este puerperio. No olvidemos que Emilio sigue tomando teta y eso es hermoso pero ¡agotador! Y sin embargo no tengo ganas de llorar, más bien estoy "paralizada", no puedo accionar y entonces siento que la montaña de responsabilidades y cosas me cae encima y no puedo respirar.
Por suerte en la web uno encuentra gente tan copada como Roxi, mi alter ego, la persona con quien me he sentido más identificada en toda mi vida. Para las que no saben quién es Roxi, les dejo el trailer del programa. No se lo pierdan, estrena nuevo capítulo los miércoles en esta página. La amo porque me hace sentir menos culpable ver que no soy la única a la que la maternidad la está matando. Como dice Roxi, "Ser mamá, esposa, amiga, trabajar, adelgazar y ser feliz es demasiado para una sola mujer"
Dilemas
12 julio 2012
Ya llega, ya llega. Faltan dos días para dejar de ver a mis alumnos por 2 semanas. Tengo un malestar enorme con la escuela. Por muchas causas, porque el sistema me agobia, porque descreo de los métodos que usamos y entonces los uso por la mitad y de esa manera confundo a los chicos y me confundo yo misma, porque me faltan el respeto continuamente y eso me violenta (violencia que naturalmente no puedo expresar). No me está resultando fácil trabajar y encima tengo que escuchar los comentarios del resto de los docentes, del tipo "uuuuh, te tocaron los peores" y sólo en ese momento siento un poco de empatía con los chicos. La escuela como está no da para más, pero pocos parecemos darnos cuenta, la mayoría sigue en el trajín del día a día, todos lo suficientemente anestesiados para no darse cuenta. Y la verdad que aunque te des cuenta, tampoco se puede hacer demasiado.
Lo cierto es que por mucho que me plantee mis incomodidades con el sistema, con la escuela "en-sí", necesito la plata y es mi forma de ganarme la vida. Y el sueldo -en este momento y en Santa Fe- no es malo. Trabajo 14 horas semanales (porque no me ofrecen más, no porque no quiera) y me pagan lo mismo que gana David por trabajar 8 hs diarias durante 6 días corridos. Así que digamos que no es despreciable.
Todo son normas y me agobia muchísimo tener que hacer que se cumplan, pero lo cierto es que si no hago que se cumplan tampoco puedo hacer "mi trabajo" real que vendría a ser transmitir algo de lo que estudié. Es una gran encrucijada, pero vuelvo al problema anterior: necesito la plata, por mucho que no crea en la institución escuela (en la educación sí creo, claro...y también en la literatura!) y entonces me siento un poco hipócrita. Tengo mucho que decir sobre este tema, pero poco tiempo. La semana que viene tal vez lo retome para ver si puedo despedazar este problema en todas las partes que lo componen.
También tengo que reconocer que me gusta salir a trabajar, no sería capaz de quedarme en casa todo el día con los chicos durante años. Ya probé el año pasado, estuvo bien pero sentí que mi vida se empobrecía un poco...eso es lo que me pasó a mi, ojo! Estoy completamente de acuerdo con las mamás que quieren quedarse en casa y estoy segura de que puede ser una vida igualmente "rica" que saliendo a trabajar, solo que a mi no me funcionó. Digamos que en un punto idealicé demasiado quedarme en casa y cuando por fin tuve la oportunidad, no me llenó del todo y no entiendo bien por qué. Tal vez el asunto estaba mal desde un principio porque yo no decidí dejar de trabajar, más bien lo que sucedió es que me quedé sin trabajo. Y aparte tengo todo el discurso materno de "no dependerás de nadie" y es muy difícil luchar contra eso (aunque entiendo perfectamente que es una falacia!). Este tema también merece despedazarse más (soy Jack el destripador últimamente! jaja)
De todas formas, una de la pregunta sigue siendo: ¿Quién me mandó a mi a estudiar Letras?¿Ehhhh?
Estoy desayunando unos mates con pan casero y quesito crema, ya llego tarde (BU). Del bienestar de casa a la escuela, sin escalas ;-)
(seguro hay errores tipográficos, pero ya no tengo tiempo de corregir jaja)
Posnatal de 6 meses
17 mayo 2012
Hace un año, participábamos así
Ahora, el que estaba adentro de esa panza, está afuera y se suma a la campaña, manifestando gran preocupación por las licencias tan cortas que padecemos padres y madres...
...y pidiendo por sus derechos
Ahora, el que estaba adentro de esa panza, está afuera y se suma a la campaña, manifestando gran preocupación por las licencias tan cortas que padecemos padres y madres...
...y pidiendo por sus derechos
Y no importa si podés/querés dejar de trabajar o no. Ninguna mujer debería tener que abandonar aquellas cosas por las que peleó durante años, ninguna mujer debería verse obligada a elegir entre su realización profesional (o su necesidad genuina de trabajar) y el bienestar de sus hijos. Por eso seguimos pidiendo 6 meses de baja maternal para toda la Argentina. Los derechos no se negocian, se conquistan! Y allí estaremos platando banderas.
Por todas las mujeres, por mi hija y por mi nuera. Por mis nietos. Por todos.
Acá, la explicación más extensa.
Y acá, los lugares del país que este 19/20 de mayo se unen para pedir un posnatal digo para toda la Argentina.Y el grupo de facebook para que se unan!
Amanece
26 julio 2010
Me despierto despacito. Casi no puedo creer que es lunes otra vez. David se acurruca junto a Guille, los veo con la lucecita tenue que dejamos encendida. Siento envidia y no precisamente de la sana.
Me pongo las botas, es tempranísimo y hace frío. Nos regalaron un julio helado.
Me consuelo pensando en lo afortunada que soy de trabajar solo dos días por semana, aunque con considerable merma del salario. No todos pueden darse ese lujo, tengo suerte de poder elegir. Pero el lunes cuesta igual, nos cuesta a todos.
Tomo un té porque no hay tiempo para mate, me tomaré alguno en la escuela, al pasar.
Pienso en los proyectos prorrogados para septiembre. Los saco del cajón y los reviso mentalmente. El invierno no es bueno para que nazca algo. Mejor esperar, hibernar.
Me voy. Casi susurrando les digo: buena semana para todos...
De blog en blog: Ishtar Olivera y un dibujo de lactancia
05 mayo 2010
Hoy descubrí, gracias a uno de mis contactos de Flickr, el blog de Ishtar Olivera. Me fascinó todo lo que vi, desde sus fotos y los tips que ella misma sugiere para mejorar nuestras fotografías hasta sus ilustraciones y trabajos manuales. Pero cuando estaba mirando su galería de ilustraciones, me enamoré de esta imagen y corrí a escribirle un mail para que me permitiera compartirla con ustedes. Me contestó muy amablemente: "Es una causa en la que creo de corazón e hice el dibujo pensando en que pudieran utilizarlo en blogs o incluso grupos de lactancia".
Espero que la disfruten y que les guste tanto como a mí :)
¡Gracias Ishtar!
"Trabajador" y "trabajo" no son lo mismo
01 mayo 2010
Dos cosas para hoy:
- Ayer le prendí la tele a Guille para cocinar y escucho en Play House Disney que este sábado es el "Día del trabajo". Me caigo y me levanto. Un montón de gente murió para conseguir derechos laborales y ahora salen con que es el día del trabajo. Esta gente va a lograr infartarme. A ver Disney, su tarea es escribir 100 veces: "El 1º de mayo es el día internacional del trabajador", es muy distinto decir "trabajo" que decir "trabajador" (bu!). Me asombra la capacidad que tiene la tele para deformar/imponer un discurso social determinado.
- Las mujeres hemos logrado finalmente ingresar al mundo laboral. Pero el precio a pagar ha sido muy alto. No nos hemos incorporado como mujeres al mundo del trabajo, sino llevando nuestro disfraz de hombre. Es hora de exigir nuestros derechos y feminizar el mundo laboral. Y no me refiero a llevar un florero al trabajo, me refiero a que seamos aceptadas como iguales aunque estemos embarazadas, demos la teta o criemos hijos pequeños (o grandes). La crianza no es una "pérdida de tiempo", es un hecho fundamental para desarrollar una sociedad mejor. Y no aceptar la maternidad como una etapa de la vida femenina, desprestigiarla, postergar a las empleadas que tienen hijos: todas esas son formas de discriminación de género. Igualdad en la diferencia. Igualdad en serio.
¡Feliz día del trabajador para todos!
La foto que ilustra el post es de Eva Ruiz, una de mis amigas de Flickr con quien comparto este proyecto (que por cierto acabamos de inaugurar!). También es escritora, pueden pasar por su blog personal: Son solo palabras. O por su web de fotografía.
¡Gracias Eva! Me fascina esta foto :)
Días de verano ♥
18 febrero 2010
Mañana empieza el trabajo duro en la escuela. Exámenes y eso. Me da una pereza ir a tomar examen, es de las cosas menos gratificantes de la docencia. Y ni siquiera sé si tiene mucho sentido.
Y así nos despedimos de todo este tiempo maravilloso juntas. Aunque las tardes seguirán siendo compartidas, pero a veces el cansancio del año no me deja disfrutar de igual manera. Por cierto, en 2 semanas Guille cumple sus 2 años. Estoy entre emocionada e incrédula :)




Acerca de esta búsqueda
10 febrero 2010
Aún me acuerdo de cuando decidimos empezar a buscar a Guille. Fue una desición importante, obvio. La más importante que habíamos tomado como pareja. Me hice mil estudios y no empezamos hasta que el ginecólogo no me dio el ok. Y dejé las pastillas, controlé fechas y en el primer ciclo quedé embarazada. En ese momento era vital para mí lograrlo rápido porque necesitaba que se dispersaran los miedos de "no poder". Y bueno, vino Guille y pensamos que iba a ser hija única hasta que el deseo de tener un nuevo hijo se instaló en ambos.
Y claro, nuevamente quise "controlar todo". Calculé cuál era la mejor época para tomarme la licencia y decidimos que septiembre de este año era lo mejor. Pero me pasa algo raro con esta búsqueda. Por momentos quiero y por momentos no. Es que las demandas de Guille son tantas que me cuesta un montón imaginarme con dos. Y suspendemos y retomamos la búsqueda. En realidad no, lo que sucede esta vez es que no miro las fechas, no me importan, no las conozco y estamos haciendo una búsqueda completamente desorganizada. Y eso me hace feliz y no me genera ansiedad para nada (algo que yo pensé que iba a pasarme). Ya no nacerá en septiembre y las cosas con la licencia se complican ¡y no me importa! Mi cuerpo le hace caso a mi mente. Siento que necesito definir algunas cosas antes de quedar embarazada porque tengo dudas acerca de si 9 meses me van a alcanzar para prepararme para un PVDC (parto vaginal después de cesárea). Pero a la vez estoy medio parada con eso, tengo pocas opciones en Rosario y quiero ver qué me dicen acerca de mis posibilidades.
Por todo eso es que les digo que no esperen ese anuncio pronto, creo que esta es una búsqueda más bien emocional y que nos va a llevar mucho tiempo.
¿Será Centenario? Ya me parece que queda para el 2011 ;-)
Reflexiones acerca del burn-out de las madres
25 enero 2010
Leí este artículo gracias a la recomendación del blog Adivina cuánto te quiero. Es un escrito interesante, aunque debo decirles que no estoy de acuerdo con todo. Hay algunas cosas que me gustan y otras que no. La que menos me gusta es que hacia el final la autora propone, para evitar el supuesto burn-out de las madres, que vayamos a trabajar. Es decir, si tenemos muy "quemado el cerebro" por hacer las cosas de la casa, la solución para ella sería "ir a trabajar para distraernos y de paso obtenemos el reconocimiento que no nos dan por hacer el trabajo en casa". No estoy para nada de acuerdo con esto. De hecho, mientras iba leyendo pensaba "En una semana yo tengo este mismo panorama y encima ¡tengo que ir a trabajar!" No sé quién inventó que el trabajo es relajante, pero seguro que fue alguien que tiene un trabajo ¿en la playa?
Mi opinión al respecto es que las madres nos "quemamos" o "agotamos" porque carecemos de "tribu", como dice Laura Gutman en este artículo que a mi me gusta tanto. Pero no creo que la solución sea ir a trabajar y dejar a lo chicos al cuidado de otros (estoy hablando de este tema en particular del agotamiento, no de la "necesidad" que tenemos muchas mujeres de ir a trabajar). Sí creo que muchas veces ese agotamiento produce un distanciamiento o una falta de conexión con nuestros hijos (lo creo porque me pasa). Eso de hacer las cosas en "modo automático" a mi me hace sentir terriblemente culpable...y es como un tabú reconocerlo. ¿Y les soy sincera? yo hasta he jugado con Guille en "modo automático", y me dan ganas de llorar de solo escribirlo. Y eso es maltrato, y todos los días lucho con mi propio desamparo emocional para no hacerlo.
En esta casa estamos en plena época de rabietas (por cierto, me resultó muy útil este artículo que escribe Ale, de Cuatro en la cama), yo estoy al borde del agotamiento intentando terminar un curso, en medio de otro y con un marido que está trabajando 12 horas por día y al que hoy le anunciaron que posiblemente tengan que operarlo de la mano (oh!). Y el lunes que viene vuelvo al trabajo (según la autora debería estar feliz...).
Si van a leer el artículo es probable que se irriten por algunas afirmaciones. Hagan como yo, si les sirve algo lo toman. Y si no...hay que dejarlo ir ;-) por cierto, la autora se limita a "exponer" qué es el burn-out, pero no da muchas soluciones (ah, no cierto: ir a trabajar lo resuelve todo, así le dedicamos "tiempo de calidad"...la mentira más grande inventada desde que la mujer trabaja, en definitiva este artículo es más de lo mismo...mmmm....al final no me gustó casi nada...jaja).
EL AGOTAMIENTO MATERNO
Tres asientos delante de mí, en el tren de alta velocidad, viaja una mamá acompañada de sus dos hijos que cada vez se va poniendo más nerviosa. De repente, levanta el tono de voz y dice en tono amenazador:
—Vas a recibir!
Los demás pasajeros se miran, molestos... Nadie interviene. Ignoro lo que estarán haciendo los niños, pero el nerviosismo de a madre sube un grado:
—jYa lo verás, vas a recibir! Te lo has ganado! Decido abandonar mi lectura, y me acerco al trío:
—Se la ve nerviosa... ¿Necesita ayuda?
—No, gracias.
—Si...
Insisto con delicadeza.
—Sí, gracias, estoy agotada.
Me instalé a su lado para jugar un poco con los niños. Mi mera presencia ya los había calmado. La intervención de un tercero siempre suaviza las cosas, a condición, por supuesto, de que no se dedique a echar más leña al fuego...
Cuando estamos agotados, no podemos pensar en todo. duras penas conseguimos atender lo más urgente. Aquella madre habia conseguido colocar a sus hijos y el equipaje en el tren, había pensado en proveerse de comida y bebida, pero había olvidado coger algo para que se distrajeran. Estaba extenuada y ni contaba con los recursos necesarios para distraerlos.
Violaine Guéritault* dice: «Estaba llenando la lavadora mientras oía el ruido de fondo que armaban mis dos hijos al pelearse por enésima vez durante la mañana. De repente, se oyó un tremendo “ seguido por los aullidos de mi hija. Y m quedé quieta, inmóvil, creo que pensé en algo así como “del suelo no pasa”, o “si grita, es porque aún está viva”. Entonces acaba de llenar la lavadora como una autómata. No sentía nada. Había dejado de pensar como una madre».
Era el detonante. Violaine Guéritault estaba preparando su doctorado sobre el burn-out profesional (*L’épuissement maternel et comnient le surrnonter, Violaine Guéritault, Odile J cob, 2004. Un libro de lectura imprescindible). Inmediatamente relacionó lo que acababa de vivir con su trabajo. En su oficio de madre, estaba atravesando por una fase de burn-out. ¡El agotamiento profesional no es exclusivo del mundo de la empresa, sino que también está presente en el hogar!
Los padres recién estrenados están expuestos a padecer Todas las madres, hasta las que se muestran más serenas, tiene:
una vida cotidiana muy estresante. Una multiplicación de tarea repetitivas, poco o nulo reconocimiento respecto a su labor, he ranos demenciales, un montón de situaciones que escapan de s control, imposibilidad de concentrarse en una tarea sin verse iii terrumpida al menos diez veces... ¡Las 24 horas del día y 365 día al año sin fecha de caducidad...! ¡Porque es imposible dimitir d oficio de madre!
Así pues, silos bebés son tan maravillosos... ¿por qué las madres se agotan tanto? ¿No será que la causa de su agotamiento resida, precisamente, en que no pueden quejarse de «lo maravillosa» que es su situación?
.
Violaine Guéritault establece la lista de los agentes estresantes en la vida de la madre:
• El trabajo materno implica volver a hacer mil veces as mis mas tareas. Tiene que lavar y limpiar. Todo vuelve a estar sucio algunos minutos más tarde, privando a la mujer de ese sentimiento de tarea hecha que da sentido y energía al trabajo.
• Una madre vive numerosas situaciones sobre las que no tiene ningún control. Le gustaría ser capaz de proteger a su hijo de todo, pero a menudo se ve impotente. Y no sólo estamos hablando de accidentes o de percances que requieren hospit lización, sino también, en la vida cotidiana, de los cólicos del lactante, de los dolores de la dentición o de las picaduras de avispa...
• Si hay algo que caracterice a los niños pequeños ese algo es la imprevisibilidad. Por mucho que la madre se planifique el día, lo más seguro es que sus previsiones acaben patas arriba. Justo en el momento en que sale para encontrarse con una amiga, cuando va a colocar al bebé en el cochecito, se da cuenta de que tiene que cambiarle los pañales... Aunque usted sea muy organizada, su pequeño acabará desestabilizándole el horario. No es nada raro que, al llegar la noche, algunas madres, sintiéndose abatidas, lleguen a pensar que «no he hecho nada en todo el día».
• Todo trabajo merece recompensa... No obstante, parecería que eso no se aplica al trabajo de madre. Se la idealiza y honra como es debido el Día de la Madre, pero en su vida diaria recibe muy poco reconocimiento por parte de los demás; para la gente, no hace más que cumplir con su deber.
• A todo ello hay que añadir que una madre no tiene derecho a cometer errores. Ella misma se pone el listón muy alto, y se desespera al comprobar la diferencia existente entre el modelo de lo que querría ser y lo que vive cada día.
¿Quién se encarga de apoyar a las madres? En el plano psicológico, la mayoría de las veces están solas frente al niño. En ocasiones, pueden acudir a alguna institución de las que se d dican a acoger a las madres y a los bebés durante unas horas, pero por lo general cuentan con pocos lugares preparados para escucharlas. La inmensa mayoría de la gente prefiere creer que, para sentirse felices y colmadas, les basta con estar junto a sus adorados y encantadores hijos. No quieren oír que a veces les entran ganas de estrangularlos. ¿Y qué pasa con el marido?, pues que, cuando éste vuelve del trabajo, o bien ella no se atreve a pedirle nada por temor a que vuelva a salir pitando, o bien descarga sobre él tal avalancha de quejas, que el pobre hombre no sabe qué hacer con ellas. También puede suceder que su marido le conteste que ella no tiene que volver a trabajar, o que Martine —o lo que es peor, su madre, es decir, su suegra—, sabe arreglárselas bien... En resumen, no se puede decir que la apoye demasiado.
En general, la mujer que se queda en casa se encarga de todos los quehaceres domésticos. En vez de intentar ayudarla para que no se canse en exceso, algunas veces el marido hasta espera que también se ocupe de él. «¿una asistenta? ¡Ni pensarlo!», se dicen más o menos conscientemente las mujeres. «Si mi madre podía con todo, ¿por qué yo no?» Además, muchos maridos no ven la necesidad de ese gasto «ya que no tienes otra cosas que hacer durante todo el santo día».
Reconozcámoslo, es indudable que cuando el reparto de las
tareas del hogar no está equilibrado, el amor que la madre siente por su hijo puede salir perjudicado.
¿Les parezco trivial? ¿Opinan que exagero? ¿O acaso son de
los que creen que el amor de una madre no puede depender de la vajilla o del aspirador? ¡Pues yo afirmo que sí!
Demasiada ropa que lavar, demasiados suelos que fregar, demasiados platos que cocinar y lavar... Todo ello puede llegar a alterar la capacidad de amar de una madre.
De hecho, no es tanto la tarea en sí misma la que obstaculiza el amor como el sentimiento de injusticia. Una injusticia que rara vez se ve reconocida como tal. Una injusticia que se halla resumida en esta constatación cotidiana: cuando él le cambia el pañal al bebé, lo encontramos maravilloso, pero cuando lo hace ella, nadie la admira. Es lo «normal». Un hombre, que ejercía de padre de familia, un día me dijo: «Día tras día me doy cuenta de lo injustas que son las cosas para mi mujer. Si yo hago cien, me fe licitan y me adulan, pero si ella hace mil, nadie lo ve». Este padre mostraba un grado de concienciación bastante excepcional tanto entre los hombres como entre las mujeres. Y hasta cuando di cha concienciación existe, lo normal es que la injusticia no desaparezca porque está grabada en lo más profundo de la sociedad. Con todo, también hay otros maridos menos sensibles que no consiguen ver el problema, y que hasta pueden llegar a desvalorizar, humillar y culpabilizar a sus mujeres cuando se quejan o no logran alcanzar sus objetivos.
En el hogar, muchas veces la mujer se ve obligada a reprimir ira: la relacionada con la frustración, con la injusticia, y a veces que le provoca la herida que le inflinge un marido inconsciente cuando no poco delicado.
las mujeres que viven solas tienen tantas dificultades como demás. El rencor que se mantiene en secreto es lo que impide que florezca el amor, y no la falta de un hombre.
La sociedad espera que las mujeres sepan ejercer bien su papel, como si fuera algo innato. Tienen fama de ser buenas profesionales, mientras que algunos hombres no pasan de ser considerados meros aficionados. Pero la realidad es que no saben mas que los hombres. Bien es verdad que las mujeres secretan las hormonas del afecto y que llevan el biberón integrado en su cuerpo, pero en sus genes no hay nada inscrito acerca de cuál es la mejor marca de pañales, de las vacunas o de las relaciones con los profesores. Por no hablar de que tienen que ir adaptándose continuamente. Con los hijos nunca puede darse nada por ganado: los niños crecen y cambian. Y no hay dos hijos iguales.
Al cabo de un cierto tiempo, la madre no puede más. Violaine Guéritault* describe muy bien la primera fase del burn-out: el depósito de energía se vacía. La madre padece agotamiento emocional y físico provocado por la necesidad de ir adaptándose permanentemente.
Si la madre no encuentra ayuda ni apoyo, si no puede liberar su sobrecarga de estrés, corre el peligro de llegar con bastante rapidez al segundo estadio: el de la despersonalización y el distanciamiento.
¡Ella sabe que tiene que seguir funcionando pero no sabe cómo! Su única salida consiste en separarse inconsciente y emocionalmente de la fuente del estrés, con el fin de minimizar las fugas de energía y de continuar realizando, como un autómata, las tareas de las que no se puede librar. La madre agotada se ocupa de su hijo, pero sin afecto. Lo hace, y punto. Todas nosotras hemos pasado por esos momentos de completo agotamiento. Hacemos lo que toca que hacer: preparar la comida, vaciar la bañera, quitar la mesa y acostar a los niños, pero todo de un modo automático
Cuando el agotamiento nos invade, ese modo automático se vuelve permanente. La madre se aleja cada vez más de sus hijos. Ya no está afectivamente a su lado. Cuando una madre se siente sola cae en la depresión. Es cada vez menos eficaz, todo le pide un esfuerzo inmenso y pone en duda sus capacidades. Ciertas tareas que antes llevaba a cabo, como telefonear o rellenar formularios, le parecen algo irrealizable. Poco a poco, se va deslizando hacia la tercera y última fase del burn-out. Gritos, golpes, castigos..., la madre hace todo aquello que nunca hubiera querido hacer a sus hijos, con el resultado de que, evidentemente, las cosas empeoran; es un círculo vicio so. La clase de madre que ve en sí misma, es decir, aquella en la que cree haberse convertido, está tan lejos de la madre con la que soñaba llegar a ser, que hasta puede llegar a preferir borrar de un plumazo todos sus proyectos. Después de haber perdido la motivación y con la autoestima por los suelos, reniega de todo lo que ha hecho, de todos sus logros, pasados, presentes y futuros.
Y aunque no todas las madres caigan en la depresión, una inmensa mayoría —por no decir todas— pasan por una fase fugaz, recurrente o prolongada de agotamiento.
El burn-out no aparece porque la mujer sea un ser más o me nos frágil. Ni tampoco por el hecho de que el pasado de una mujer haya sido más doloroso que el de otra, sino que es el resultado de la interacción con su entorno. De nada sirve darle medicamentos, ya que no es a ella a la que hay que atender, sino a su entorno, que tiene que sufrir una remodelación. Asimismo, no es una patología exclusiva de las mujeres. Una pediatra suiza ha demostrado que a los padres les pasan exactamente las mismas cosas cuando son los que se quedan en el hogar para ocuparse de sus bebés.
En estas condiciones tan difíciles, es fácil comprender que a veces el vaso esté lleno y que los hijos hagan que rebose. Una madre agotada, invadida por el burn-out, se desvincula de su hijo. Cada vez consigue dominarse menos. Se ve a sí misma como si fuera una prisionera y se siente explotada por su hijo. Puede rebelarse contra las exigencias de este último, viéndolo como un tirano y llegado a odiarle por ello... Y a veces ese odio puede llegar a ser tan intenso que puede llegar a borrar sus sentimientos maternales. Me absorbe por completo —decía Camille—. No lo aguanto más. Es terrible decirlo, pero no siento nada por mi hijo. A veces me ocupo de él como si fuera un autómata, pero enseguida consigue sacarme de mis casillas. Si no hace inmediatamente lo que le pido, me vuelvo loca.»
¿Acaso Camille es una mala madre? «No es maternal», opina su suegra. Siguiendo mis consejos, Camille volvió a trabajar y poco a poco fue volviendo a querer a su hijo. Ahora le encanta jugar con él. (la negrita es mía: ¿qué estupidez es esta? Este artículo me está enojando más de lo que pensé. Luisina) ¡Sencillamente lo que pasaba es que se hallaba en una fase extrema de burn-out!
Emociones reprimidas, autodesvalorización, alejamiento emocional, distancia afectiva, impotencia, frustración... ¡El cóctel es explosivo! Cuando una madre «se rompe» y maltrata a su hijo, toda la sociedad tiene que asumir la responsabilidad de ello, y no ella sola.
Leído gracias a Adivina cuánto te quiero. A su vez la lectura del artículo la hice en el foro Entre Comadres, en el mismo se menciona como fuente el libro "Los padres perfectos no existen" de Isabelle Filliozat, pueden leer el primer capítulo de dicho libro aquí.
Salvando las distancias
02 noviembre 2009
Conversación -por teléfono- entre un niño de 2 años y su mamá.
La madre se comunicó desde el trabajo.
- ¡Hola Tomás! ¿Cómo te va?
- Hola, mamá -respondió el nene. Y se quedó callado.
- ¿Qué estás haciendo Tomás?
El chico hizo otro silencio.
- Mamá -planteó, después.
- ¿Qué Tomás?
- Yo quiero upa, mamá.
En Palabras Mayores, Revista Viva del Diario Clarín.
Lunes es sinónimo de estar todo el día lejos de casa. Me voy a las 5:45am y llego a las 18 (ésta entrada la dejé programada: probablemente ustedes estén leyendo y yo ni siquiera haya llegado). El resto de las tardes las tengo libres. Son duros los lunes, el único día que paso tanto tiempo lejos de Guille. Y cómo la extraño.
Buen lunes para todos. Los martes, vuelvo a sonreir :)
La madre se comunicó desde el trabajo.
- ¡Hola Tomás! ¿Cómo te va?
- Hola, mamá -respondió el nene. Y se quedó callado.
- ¿Qué estás haciendo Tomás?
El chico hizo otro silencio.
- Mamá -planteó, después.
- ¿Qué Tomás?
- Yo quiero upa, mamá.
En Palabras Mayores, Revista Viva del Diario Clarín.
Lunes es sinónimo de estar todo el día lejos de casa. Me voy a las 5:45am y llego a las 18 (ésta entrada la dejé programada: probablemente ustedes estén leyendo y yo ni siquiera haya llegado). El resto de las tardes las tengo libres. Son duros los lunes, el único día que paso tanto tiempo lejos de Guille. Y cómo la extraño.
Buen lunes para todos. Los martes, vuelvo a sonreir :)
El puerperio y la vuelta al trabajo
16 junio 2009
Hace casi un año volvía al trabajo después de mi licencia por maternidad. No sé cómo lo hice y mucho menos me acuerdo qué fue lo que hice. Tengo borrados los nombres de mis alumnos del año pasado. Recién ahora, leyendo mis posts del foro en el que escribía, puedo recordar algunas cosas. Guillermina tenía 3 meses y medio. Desde el primer día decidimos que se quedaría por la mañana con David. Las dos tardes que yo trabajaba en ese momento la cuidaría Mirtha, mi suegra.
Sé que me fui tranquila: Guille estaba siendo cuidada por su familia, estaba en buenas manos. Pero así y todo no pude evitar el desgarramiento. Apenas podía concentrarme. No creo que haya sido una buena docente en ese momento. Así, los perjudicados de las cortísimas licencias por maternidad somos varios: principalmente la díada mamá-bebé, pero también aquellos que dependen del trabajo que hacemos. Una puérpera necesita silencio, calma, bebé en brazos, libertad para fluir. Y el mundo del trabajo es otra cosa, y es otra cosa en serio, eso lo sabemos todos. Esto escribía en el foro el 22 de junio del año pasado:
"Hola chicas! Tanto tiempo....la verdad es que tuve una semana complicada y ahora que ya empecé a trabajar creo que se me va a hacer difícil seguirles el ritmo....jejeje. La verdad es que el comienzo estuvo mucho mejor de lo que yo esperaba...pero cómo la extrañé por diossss....me sentía re sola cuando, en realidad estaba rodeada de un montón de gente (mis alumnitos: había tarea profe!, mengano me tira el pelo!, me escondieron la lapicera!, puedo ir al baño?, no entiendo!....y ese tipo de cosas durante tres horas con cada curso...por dios, después de tanto silencio me volví re loca...no los quería escuchar másssss). La sala de profesores era peor...había una mala onda terrible por las cosas que están pasando en el país....si hablo de eso me pongo peor , así que opté por ponerme a pavear con unos compañeros, firmar una moción de paro (el sueldo es bajo y vale la pena luchar para que nos aumenten...pero entre nosotros chicas: yo quiero estar en casa...jejeje). Bueno....igual no estuvo tan malo, lo malo es que después de todo un día de trabajo hay que llegar, hacerse cargo de la casa y de un bb chiquito y es bastante agobiante....puffffffff".
En ese momento yo no entendía por qué sentía esa incomodidad tan profunda con mi trabajo. Pensaba que estaba mal sentirme así, que no podía ser. No entendía por qué yo no estaba ansiosa por volver al mundo del trabajo, como la mayoría de las mujeres que conocía en ese momento. Y eso aumentaba mi angustia.
De todas formas seguía pensando que "trabajar, salir, dejar al bebé un rato" eran cosas que realmente me iban a hacer bien. Así que lo hice, me ofrecieron un reemplazo por 12 horas que implicaba dos tardes completas enteras afuera de casa, aparte de las otras dos tardes que ya trabajaba. Volvía llorando de esa escuela todos los días y en varias ocasiones tuve que hacer un esfuerzo enorme para no llorar delante de los chicos.
Así el mundo seguía su rumbo y yo me incorporaba a él. Y mi puerperio, aunque ya llevábamos 4 meses transitándolo, no se instalaba del todo. Yo no dejaba que se instalara, tenía un miedo terrible a conectarme con eso, a ver lo que iba a ver.
Pero un día dije basta. Largué el reemplazo y me zambullí de lleno en la oscuridad de mi alma, y lloré y pensé y recordé y renací. Finalmente renací. Fue un camino durísimo. Darme cuenta de que lo que necesitaba era replegarme, quedarme en casa, trabajar lo mínimo. Pude hacerlo, pude elegir y estoy feliz de haber tomado esa decisión y de que mi marido me apoyara en todo. Ya algún día contaré todo mi puerperio y cuál fue el detonante máximo por el cual logré conectarme conmigo misma. Por ahora solo esta reflexión acerca de lo duro que es para una mujer puérpera volver al trabajo. Porque del silencio y la conexión con tu bebé salís a un mundo que siguió su curso, que no paró un momento y que hace de cuenta que vos sos la misma que salió de licencia por pre parto 4 meses antes.
También fue desconcertante (lo es aún hoy) el hecho de ver que, a pesar de estar en un ambiente mayoritariamente femenino, en donde casi todas mis compañeras ya han tenido hijos, no me sentí "acompañada". Todo lo contrario, me encontré con un montón de mujeres viviendo su maternidad "a los ponchazos", saliendo al mundo lo antes posible "porque hace bien" y recomendándote que hagas lo mismo. Incluso he escuchado a más de uno diciendo: "Si la licencia era más larga, yo enloquecía". Claro, de eso se trata el puerperio, de enloquecer y de que alguien nos cuide en ese desvarío.
Agradezco a mi alma por haber sentido esa terrible incomodidad y permitirme volver al lugar del que no debí salir en estampida. Seguimos caminando.
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Luisina Serenelli
Docente // Fotógrafa // Blogger //Feminista // Doula// Escritora // Lectora incansable // Mamá de Guille y Emi // Enamorada de David // En permanente deconstrucción y construcción





