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Ayer pasamos una tarde hermosa, llena de colores y naturaleza. Cuando veo lo feliz que es mi hija entre el verde, no puedo evitar reprocharme algunas cosas. Sobre todo, el hecho de vivir en un departamento con un patio chiquito, sin césped. Yo sé que es distinto, lo sé porque me crié en una casa con un patio de los de antes: lleno de flores, pasto, tierra y macetas.
Pero bueno, lo poco que nos retiene acá es muy importante: por ahora el amor de la familia no lo reemplaza el verde. Y habrá que hacer el sacrificio. Con tiempo tal vez podamos seguir acá, pero más cerca de lo que queremos para nuestras vidas y para la de Guille. Mientras tanto, de vez en cuando la naturaleza nos encuentra, nos lleva por sus caminos, nos deja jugar entre tierra y verde y pájaros...

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