Bésame mucho, por Carlos González
15 diciembre 2008
Epílogo
El día más feliz
"Mi corazón se conmueve ahora ante muchos recuerdos largo tiempo dormidos de mi madre, joven y hermosa (¡y yo tan viejo!)". Charles Dickens, Historia de dos ciudades
Cuando éramos niños, casi todos hemos escrito una redacción escolar titulada «El día más feliz de mi vida». En los colegios religiosos, el éxito estaba asegurado si relatabas tu primera comunión. Otros preferían recordar el regalo más grande y más costoso que les habían puesto los Reyes, el viaje a un país lejano, la visita al parque de atracciones...El pasar de los años cambia nuestra perspectiva, los objetos se desdibujan y las personas alcanzan entonces una estatura insospechada. La sonrisa de nuestra madre, el abrazo de nuestro padre, la mano de un amigo, una palabra de aliento, gratitud o perdón... Haga memoria, amigo lector. ¿Cuáles fueron los días más felices de su infancia?Manuel explica así uno de esos recuerdos imborrables:Debía de tener seis o siete años cuando, corriendo a oscuras por la casa, choqué con una puerta de cristal que siempre había estado abierta. Quedó echa añicos a mis pies. Me pegué un susto de muerte y me hice un pequeño corte en la frente. Pero no notaba ningún dolor; el miedo al castigo me paralizaba.Mí padre vino corriendo, me sacó de entre los vidrios rotos, me curó la herida, me miró de arriba abajo. Pero no me riñó. Al principio temblaba, esperando a cada momento escuchar unos gritos tremendos. Luego pensé que se había olvidado de reñirme e intenté pasar desapercibido. Pero al final el asombro y la curiosidad pudieron más y le pregunté aún lloroso: «¿No estás enfadado porque he roto la puerta?». «No», contestó, «la puerta no importa, lo único que me importa es que no te hayas hecho daño».Ahora comprendo que todos los padres damos más valor a nuestros hijos que a nada en el mundo. Pero raramente se lo decimos a nuestros hijos. Estoy muy agradecido a mi padre por habérmelo dicho.Ésta es la historia de Encarna:Uno de los días más felices que puedo recordar tuvo, en realidad, un mal comienzo. Tuve una pesadilla espantosa. Nada de monstruos ni hombres del saco; soñé con una ostra. Una ostra enorme que sacaba a una perla, también enorme, de su concha y no la dejaba volver a entrar. La pobre perla expulsada me dio una pena enorme. Me desperté chillando, auténticamente aterrorizada.Yo debía tener unos cinco años y dormía en una camita en la habitación de mis padres, que se despertaron, naturalmente asustados con mis gritos. Mi madre me invitó a dormir en su cama. Todos mis temores desaparecieron como por arte de magia, me sentía enormemente feliz y segura. Nunca volví a tener un mal sueño. Supe que siempre tendría un refugio, que siempre me protegería alguien.Yo, por mi parte, recuerdo una tarde, creo que era domingo, cuando tenía unos doce años. Vagaba aburrido por la casa. Mi madre me atrapó y me dijo: «Ven, siéntate aquí, en mis rodillas, como cuando eras pequeño.» Imagino que debí morirme de vergüenza, pero no logro recordar esa vergüenza. Recuerdo, en cambio, que empezó a cantar muy suavemente:Arrorró, mi niño chico, que viene el coco y se lleva...Apoyé mi cabeza en su seno y me invadió una paz infinita. Casi me quedo dormido. Era como volver a tener dos años.La mayoría de la gente no recuerda nada de su primera infancia. Yo sé lo que siente un bebé en brazos de su madre porque tuve el enorme privilegio de volver a ser un bebé durante media hora, a los doce años.Todas estas historias tienen algo en común. Los días más felices de nuestra infancia son aquellos en que nuestros padres (o nuestros abuelos, hermanos o amigos) nos hicieron felices. Incluso cuando nos parece que nos hizo feliz un tren eléctrico, si miramos mejor siempre hay personas detrás: los padres que nos lo entregaron con una sonrisa o con un elogio, el hermano con el que compartimos (no siempre de buen grado) el tren...Éramos hijos y ahora somos padres. Han pasado tantos años, pero tan poco tiempo, que a veces nos sorprendemos con los papeles cambiados. De pronto vemos nuestra propia infancia y a nuestros propios padres con una nueva luz. Miramos a nuestros hijos y nos preguntamos qué día, qué frase, qué aventura quedarán grabadas en su memoria para siempre; qué dolores quedarán clavados en su alma y qué alegrías guardará como un tesoro.Los días más felices de su hijo están por venir. Dependen de usted.
Dr. Carlos González
El día más feliz
"Mi corazón se conmueve ahora ante muchos recuerdos largo tiempo dormidos de mi madre, joven y hermosa (¡y yo tan viejo!)". Charles Dickens, Historia de dos ciudades
Cuando éramos niños, casi todos hemos escrito una redacción escolar titulada «El día más feliz de mi vida». En los colegios religiosos, el éxito estaba asegurado si relatabas tu primera comunión. Otros preferían recordar el regalo más grande y más costoso que les habían puesto los Reyes, el viaje a un país lejano, la visita al parque de atracciones...El pasar de los años cambia nuestra perspectiva, los objetos se desdibujan y las personas alcanzan entonces una estatura insospechada. La sonrisa de nuestra madre, el abrazo de nuestro padre, la mano de un amigo, una palabra de aliento, gratitud o perdón... Haga memoria, amigo lector. ¿Cuáles fueron los días más felices de su infancia?Manuel explica así uno de esos recuerdos imborrables:Debía de tener seis o siete años cuando, corriendo a oscuras por la casa, choqué con una puerta de cristal que siempre había estado abierta. Quedó echa añicos a mis pies. Me pegué un susto de muerte y me hice un pequeño corte en la frente. Pero no notaba ningún dolor; el miedo al castigo me paralizaba.Mí padre vino corriendo, me sacó de entre los vidrios rotos, me curó la herida, me miró de arriba abajo. Pero no me riñó. Al principio temblaba, esperando a cada momento escuchar unos gritos tremendos. Luego pensé que se había olvidado de reñirme e intenté pasar desapercibido. Pero al final el asombro y la curiosidad pudieron más y le pregunté aún lloroso: «¿No estás enfadado porque he roto la puerta?». «No», contestó, «la puerta no importa, lo único que me importa es que no te hayas hecho daño».Ahora comprendo que todos los padres damos más valor a nuestros hijos que a nada en el mundo. Pero raramente se lo decimos a nuestros hijos. Estoy muy agradecido a mi padre por habérmelo dicho.Ésta es la historia de Encarna:Uno de los días más felices que puedo recordar tuvo, en realidad, un mal comienzo. Tuve una pesadilla espantosa. Nada de monstruos ni hombres del saco; soñé con una ostra. Una ostra enorme que sacaba a una perla, también enorme, de su concha y no la dejaba volver a entrar. La pobre perla expulsada me dio una pena enorme. Me desperté chillando, auténticamente aterrorizada.Yo debía tener unos cinco años y dormía en una camita en la habitación de mis padres, que se despertaron, naturalmente asustados con mis gritos. Mi madre me invitó a dormir en su cama. Todos mis temores desaparecieron como por arte de magia, me sentía enormemente feliz y segura. Nunca volví a tener un mal sueño. Supe que siempre tendría un refugio, que siempre me protegería alguien.Yo, por mi parte, recuerdo una tarde, creo que era domingo, cuando tenía unos doce años. Vagaba aburrido por la casa. Mi madre me atrapó y me dijo: «Ven, siéntate aquí, en mis rodillas, como cuando eras pequeño.» Imagino que debí morirme de vergüenza, pero no logro recordar esa vergüenza. Recuerdo, en cambio, que empezó a cantar muy suavemente:Arrorró, mi niño chico, que viene el coco y se lleva...Apoyé mi cabeza en su seno y me invadió una paz infinita. Casi me quedo dormido. Era como volver a tener dos años.La mayoría de la gente no recuerda nada de su primera infancia. Yo sé lo que siente un bebé en brazos de su madre porque tuve el enorme privilegio de volver a ser un bebé durante media hora, a los doce años.Todas estas historias tienen algo en común. Los días más felices de nuestra infancia son aquellos en que nuestros padres (o nuestros abuelos, hermanos o amigos) nos hicieron felices. Incluso cuando nos parece que nos hizo feliz un tren eléctrico, si miramos mejor siempre hay personas detrás: los padres que nos lo entregaron con una sonrisa o con un elogio, el hermano con el que compartimos (no siempre de buen grado) el tren...Éramos hijos y ahora somos padres. Han pasado tantos años, pero tan poco tiempo, que a veces nos sorprendemos con los papeles cambiados. De pronto vemos nuestra propia infancia y a nuestros propios padres con una nueva luz. Miramos a nuestros hijos y nos preguntamos qué día, qué frase, qué aventura quedarán grabadas en su memoria para siempre; qué dolores quedarán clavados en su alma y qué alegrías guardará como un tesoro.Los días más felices de su hijo están por venir. Dependen de usted.
Dr. Carlos González
Objetos
14 diciembre 2008
Las cosas materiales nos vinculan con el mundo, generan identidad, nos dan un lugar en nuestra familia. No son importantes y a la vez lo son porque marcan la forma en la que llegamos la mundo en la manera en la cual lo atravesamos. Me gustaría contarles cuáles son los objetos que le dan identidad a nuestra paternidad, aquellos a través de los cuales Guillermina fue soñada e imaginada, los que nos hicieron compañía en esta aventura que es la crianza de nuestra hija.
Primero, aquellos que estaban en nuestras vidas desde mucho tiempo antes de que ella fuera imaginada, planeada, soñada.
El babero
Este babero lo hizo mi mamá, es decir la abuela materna de Guille: Lilián. Mi mamá se dedicaba a coser y bordar ajuares para bebés: catres, cunas, moisés, sabanitas, toallas, chichoneras, acolchados, etc. Lo hacía por encargo y vendía bastante, en sus ratos libres hacía cositas para poner en la vidriera. Mi mamá murió en el año 2000, con mis hermanas vendimos la casa familiar en marzo de 2003 y en septiembre cada una emprendió su rumbo, no sin antes repartirnos las cositas que había hecho mami y que pensábamos darle alguna vez a nuestros hijos como testimonio de la presencia de sus abuelos paternos. En 2006 nació mi sobrino y tuve el impulso de ragalarle mis cosas a mi hermana mayor, pero me quedé con el babero. En julio del 2007, al enterarme de mi embarazo, corrí a buscar el babero: lo lavé y lo planché con amor...fue la primera prenda que mi hija tuvo en su ajuar. Debo confesar que no lo usó nada porque no es muy cómodo...pero sigue ahí guardado entre los recuerdos de mi hija: es la presencia amorosa de mi mamá.
Primero, aquellos que estaban en nuestras vidas desde mucho tiempo antes de que ella fuera imaginada, planeada, soñada.
El babero
Este babero lo hizo mi mamá, es decir la abuela materna de Guille: Lilián. Mi mamá se dedicaba a coser y bordar ajuares para bebés: catres, cunas, moisés, sabanitas, toallas, chichoneras, acolchados, etc. Lo hacía por encargo y vendía bastante, en sus ratos libres hacía cositas para poner en la vidriera. Mi mamá murió en el año 2000, con mis hermanas vendimos la casa familiar en marzo de 2003 y en septiembre cada una emprendió su rumbo, no sin antes repartirnos las cositas que había hecho mami y que pensábamos darle alguna vez a nuestros hijos como testimonio de la presencia de sus abuelos paternos. En 2006 nació mi sobrino y tuve el impulso de ragalarle mis cosas a mi hermana mayor, pero me quedé con el babero. En julio del 2007, al enterarme de mi embarazo, corrí a buscar el babero: lo lavé y lo planché con amor...fue la primera prenda que mi hija tuvo en su ajuar. Debo confesar que no lo usó nada porque no es muy cómodo...pero sigue ahí guardado entre los recuerdos de mi hija: es la presencia amorosa de mi mamá.
El enterito rosa
La historia del enterito es graciosa y premonitoria. En Octubre del 2005 compré este enterito para regalárselo a mi amiga Valeria que había tenido a su hijita Irina. La desidia absoluta en la que vivo hizo que nunca fuese a conocer a la hija (la conocí más tarde) y el enterito fuese quedando algo chico para regalárselo a una nena de 6 meses. La cosa es que mi hermana mayor estaba embarazada, pero aún no sabíamos el sexo entonces yo pensé: ya está, si es nena se lo regalo a Andrea. Bueno, tuve que comprar un enterito celeste y guardar el rosado. Así fue cambiando de lugar hasta que quedé embarazada y lo busqué y lo lavé junto con el babero. Yo quería tener una nena, pero si era nene se lo iba a poner igual...aunque sea para entre casa. Pero, el 21 de diciembre del 2007 nos enterábamos de que tendríamos una niña...y el enterito cobró un significado especial.
El primer regalo
Este fue el primer regalo que recibió Guillermina. Me enteré de que estaba embarazada el lunes 16 de julio, el 20 era el día del amigo y nos entontramos con Marcia: ella me regaló este agarra chupete que Guille no usó, pero que quedará guardado junto a sus cositas preciadas porque fue su primer regalito!
Es una nena!
Cuando mi suegra se enteró de que venía una nena, corrió a comprar esta muñequita para que Papá Noel se encargara de dejarla en el arbolito el 24 de diciembre de ese año.
La ropita con la que salió del sanatorio
Esta es la ropita que le puse aquél 5 de marzo cuando nos dieron el alta. Le quedaba tan grande que tuve que arremangarle de todos lados, pero era lo único más abrigadito que tenía, porque si bien nos faltaban varios días de calor, ese día había viento y estaba bastante fresco. El enterito es regalo de Pato y Diego, y la batita fue regalo de Julia y Ernesto. Le quedaba tan lindo, se me pone la piel de gallina de solo recordarlo.

Los chupetes que no fueron
Sí señores, aquí tenemos los 5 chupetes con los que intentamos persuadir a nuestra hija de que usar chupete "era lo más". Pero no hubo caso, ella puso sus reglas y no usó chupete! Por momentos, en los primeros meses deseaba que lo agarrara para confromarla con algo. El tiempo fue pasando y tengo que decir que nunca jamás lo necesité desesperadamente y, sí...tengo un problema menos.
La toallita bordada por Mirta
Mirta es mi suegra y la abuela paterna de Guille, borda en punto cruz desde hace muchísimos años...borda hermoso! Esta es la toallita bordada con las iniciales de Guillermina. No es hermosísima? Bueno, Guille la usó muchísimo porque tuvo reflujo fisiológico hasta los 5 meses...y la toallita sigue impecable.
Las primeras zapatillas
Estas zapatillas las compré con un sueldo que me debía un colegio privado desde hacía ¡dos años!, un buen día de abril me llaman para que vaya a cobrarlo y a la vuelta no me resistí y le compré estas zapatillitas de jean. Fueron sus primeras zapas, las que guardo de recuerdo...
La displasia de caderas
Hace unos 38 años mi tía compraba un arnés de pavlik para mi prima. Hace dos años mi hermana mayor compraba un arnés de pavlik para mi sobrino Pedro. Así empiezo este post porque la displasia de caderas es un problema que se produce a partir del nacimiento y se produce por algunas cuestiones relacionadas con el embarazo y también por una disposición familiar. No voy a llorar mis penas acá...solamente contar mi experiencia y recopilar algunas de las cosas que leí cuando le detectaron la displasia a Guillermina.
En primer lugar, hay varias causas que pueden favorecer o determinar la displasia de caderas:
- una determinada posición en el útero hacia el final del embarazo (por ejemplo en "podálica", es decir "de nalgas")
- reducida cantidad de líquido amniótico (oligoamnios).
- predisposición familiar.
- embarazo gemelar.
- sexo femenino (se presume que la mujer tiene una mayor laxitud en sus ligamentos, lo cual predispondría a la displasia).
Si bien estos son algunos de los factores, no son excluyentes...cualquier bebé puede padecer una displasia de caderas. La displasia ocurre cuando la cabeza del fémur no encaja correctamente en el hueco de la cadera llamado también "cotilo" o "acetábulo", ya sea porque ese hueco es poco profundo o por otras razones anatómicas. Tratado a tiempo es de fácil solución y no deja secuelas. Si no se trata puede suceder que se dificulte el inicio de la marcha o que, a la larga, genere una artrosis de cadera.
A Guillermina le diagnosticaron la displasia a los seis meses y medio, por lo tanto estaba ya un poco sobre el límite de tiempo. Nos anticiparon que si no mejoraba con el arnés tenía que ir a cirugía. Por suerte, después de 45 días de usar el arnés, empezó a solucionarse el problema y quedó descartada la operación. Ahora cursa los segundos 45 días y el viernes diecinueve de diciembre tenemos que ir a ver cómo funcionó todo.
Las formas de diagnóstico dependen de cada médico, a mi hija le relizaron dos ecografías de cadera y ambas salieron perfectas. Las placas radiográficas salieron mal y así fue diagnosticado su problema.
Ojalá esta experiencia sirva para que alguien que está pasando por mi situación se anime, hay que salir adelante. Para nosotros fue un momento muy duro porque cuando le colocaron el arnés nuestra beba ya se sentaba...me costó muchas lágrimas, culpas, pensar que me pasaba todo a mí o que siempre me pasan cosas malas. Con el tiempo lo fuimos asumiendo y comprendemos que, a pesar de la incomodidad y del retraso del desarrollo motriz, esto es lo mejor para ella. Haber salido adelante sin una operación es mérito de los tres.
En primer lugar, hay varias causas que pueden favorecer o determinar la displasia de caderas:
- una determinada posición en el útero hacia el final del embarazo (por ejemplo en "podálica", es decir "de nalgas")
- reducida cantidad de líquido amniótico (oligoamnios).
- predisposición familiar.
- embarazo gemelar.
- sexo femenino (se presume que la mujer tiene una mayor laxitud en sus ligamentos, lo cual predispondría a la displasia).
Si bien estos son algunos de los factores, no son excluyentes...cualquier bebé puede padecer una displasia de caderas. La displasia ocurre cuando la cabeza del fémur no encaja correctamente en el hueco de la cadera llamado también "cotilo" o "acetábulo", ya sea porque ese hueco es poco profundo o por otras razones anatómicas. Tratado a tiempo es de fácil solución y no deja secuelas. Si no se trata puede suceder que se dificulte el inicio de la marcha o que, a la larga, genere una artrosis de cadera.
A Guillermina le diagnosticaron la displasia a los seis meses y medio, por lo tanto estaba ya un poco sobre el límite de tiempo. Nos anticiparon que si no mejoraba con el arnés tenía que ir a cirugía. Por suerte, después de 45 días de usar el arnés, empezó a solucionarse el problema y quedó descartada la operación. Ahora cursa los segundos 45 días y el viernes diecinueve de diciembre tenemos que ir a ver cómo funcionó todo.
Las formas de diagnóstico dependen de cada médico, a mi hija le relizaron dos ecografías de cadera y ambas salieron perfectas. Las placas radiográficas salieron mal y así fue diagnosticado su problema.
Ojalá esta experiencia sirva para que alguien que está pasando por mi situación se anime, hay que salir adelante. Para nosotros fue un momento muy duro porque cuando le colocaron el arnés nuestra beba ya se sentaba...me costó muchas lágrimas, culpas, pensar que me pasaba todo a mí o que siempre me pasan cosas malas. Con el tiempo lo fuimos asumiendo y comprendemos que, a pesar de la incomodidad y del retraso del desarrollo motriz, esto es lo mejor para ella. Haber salido adelante sin una operación es mérito de los tres.
Primeros días con el arnés

Acá ya la tenía bastante clara!

A partir del Quinto mes...
Bueno, una vez que podíamos dormir y hacer cosas porque Guillermina se quedaba un buen rato sentada al lado mío jugando con sus chiches, todo fue más fácil. Siguió comiendo y creciendo como siempre.
Cerca de los seis meses le hacemos la segunda placa de caderas para ver si estaba todo bien...y no estaba todo bien. La llevamos del traumatólogo y le diagnostican una subluxación de caderas, que es la forma más leve de la displasia de caderas. En otro post contaré detalles, pero estos meses también pasaron cosas lindas! A fines de septiembre le salieron los dos dientes de abajo! La pasó bastante bien...las molestias duraron solamente un día aunque es cierto que estuvo una semana entera desde que asomó el diente hasta que salió por completo. Por suerte no tuvo fiebre ni diarrea.
Acá, algunas fotos de esta etapa!!
Con papá
Cerca de los seis meses le hacemos la segunda placa de caderas para ver si estaba todo bien...y no estaba todo bien. La llevamos del traumatólogo y le diagnostican una subluxación de caderas, que es la forma más leve de la displasia de caderas. En otro post contaré detalles, pero estos meses también pasaron cosas lindas! A fines de septiembre le salieron los dos dientes de abajo! La pasó bastante bien...las molestias duraron solamente un día aunque es cierto que estuvo una semana entera desde que asomó el diente hasta que salió por completo. Por suerte no tuvo fiebre ni diarrea.
Acá, algunas fotos de esta etapa!!
Con papá

El Primer diente!!!!
Con mamá
De caperucita

Tercer mes de vida
08 diciembre 2008
A partir de los dos meses Guille por fin empezó a dormir!!! Y pudimos descansar un poquito mejor. Los cólicos los sufrió bastante. La verdad es que uno siempre piensa: ¿hasta cuándo los cólicos? ¿hasta cuando el reflujo? ¿hasta cuando la baba inundándolo todo? La cuestión es que cuando al final terminan con una...empiezan con otra!!! Jajaja...Pero TODO PASA y hay que disfrutarlos así porque si no nos perdemos la crianza de nuestros hijos sufriendo por los cólicos, por la baba que le paspa la papada, por el reflujo que hace que los tengamos que cambiar 20 veces por día de ropa!!!
A los tres meses y medio de Guillermina, se acabó mi licencia por maternidad. Debo decir que no la pasé tan mal: obvio que se extraña, pero yo también extrañaba a mis compañeros y a mi hija la cuidaban su papá y su abuela...no tenía de qué tener miedo! Por suerte trabajo pocas horas y tengo muchas tardes disfrutadas junto a Guillermina!!
Definitivamente los tres primeros meses de vida son los más difíciles...después todo se normaliza, ya sostienen su cabecita y eso hace que se entretengan más fácilmente!! Guillermina empezó a sonreir a partir de los dos meses...qué cosa más linda es ver cuando se despiertan y estamos ahí ¡cómo sonríen!...es tan lindo.
Estas son las fotitos más importantes del tercer mes....
En contré un sofá y me dormí una siesta

Mis primeras sonrisas

Con Pedro

La rutina del baño

Acerca de mí
¡Hola! Bienvenidos a mi blog.
Soy Luisina Serenelli y vivo con mi familia -Guillermina y David- en Rosario, Argentina. Nací en San Lorenzo, una ciudad pequeña a 25km de Rosario. Soy la menor de tres hermanas y nos criamos en la casa familiar de Sargento Cabral 1083, a dos cuadras del río Paraná. Tuve una infancia típica de los que nacemos en pueblos pequeños: mucho aire libre, un patio enorme en donde jugar y amigos en la vereda después de dormir la siesta. Mi adolescencia fue bastante parecida.
Mi mamá era costurera y mi papá albañil. Creo que por eso su mayor orgullo fue el día que entré a la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR a estudiar Letras. Lamentablemente, ninguno de los dos llegó a verme recibida.
Hacia fines de la década de 1990, mi vida dio una suerte de volantazo inesperado. Mi papá falleció de cáncer de pulmón en mayo de 1999 y mi mamá murió en agosto de 2000 de cáncer de colon. Fue una época oscura de mi vida, en donde mi limité a terminar mi carrera universitaria y a atravesar mis duelos de la forma más pacífica posible. En el 2003 vendimos la casa familiar y compramos una casa para cada una. Así, mis 24 años me encontraron viviendo sola en Rosario, con un título debajo del brazo y todos mis sueños por realizarse. Y de a poco muchas cosas empezaron a concretarse. Depués de haber trabajado como niñera, vendedora en la pinturería de mis tíos y agente de tránsito, tuve mi primer trabajo como profesora en una escuela de adultos.
En diciembre de 2004 me enamoré de David y nos casamos en marzo de 2007. Un año y un día después nacía nuestra hija Guillermina. Y unos meses después nacía este blog, inspirado en su crianza y en la transformación que generó la maternidad en mi propia identidad.
En estos días trabajo como profesora de Lengua en escuelas medias de la provincia de Santa Fe. Si bien no puedo decir que sea lo que más me gusta hacer, sí estoy contenta por poder -a través de mi trabajo- completar mis ganas de hacer cosas por mejorar el mundo en el que vivo. Trabajo a medio tiempo para poder encargarme de la crianza de mi hija de casi dos años.
Me encanta cocinar, sacar fotos, viajar, leer, tejer y compartir las tardes junto a Guille.
Si quieren contactarse conmigo pueden hacerlo a través de los comentarios del blog o a mi correo electrónico: luisinaserenelli@yahoo.com.ar
Bienvendi@s a mi blog y a mi mundo ♥
El nacimiento
06 diciembre 2008
El 3 de marzo de 2008 llegaba al mundo mi hija. La noche anterior a su nacimiento había dejado todo en orden y la verdad es que ni siquiera sentía ansiedad: tenía ganas de verla, de empezar a disfrutar nuestras vidas junto a ella. Comí un poco de pollo al horno a eso de las 8 de la noche y, a partir de las 5am no pude tomar más líquido...para las dos de la tarde alucinaba con oasis, jejeje.
A las 14 horas entré al quirófano, en dónde el anestesista Juan Marini me colocó la vía para el suero (qué dolor!!!) y la peridural: juro que no me dolió nada. Todo fue muy rápido: ahora corto, ahora vas a sentir un tirón (que nunca sentí), ahí está doctor (dijo la otra obstetra) y guaaaaaaaaaa...los gritos de mi hija se escucharon con fuerza a las 15:05.
Después la envolvieron en un toallón azul y me mostraron la carita llena de unto sebáceo y, como nunca la lavaron, tuvo esa capa blanca hasta una semana despues...cuando se le cayó el cordón y la bañamos nosotros.
Obvio que lloré: todos los nervios acumulados se soltaron en ese momento. Después la ansiedad por salir hizo que ya ni recuerdo los detalles posteriores...sé que me cosieron y me pasaron de la mesa de cirugía a la camilla, sé que vi a mi hermana mayor ni bien dejamos el asensor (con mi sobrino a upa), sé que vino mi tía y me dió un beso en la frente (tenía los ojos húmedos mi tiíta). Al segundo llegó David que volvía de Neo: Guille había quedado allí por distres respiratorio y prometían dármela en dos horas. Qué euforia, qué ansiedad...no podía parar de hablar: no me importaban ni las amenazas de la enfermera, ni los shhh de Mirta. Yo sólo quería comunicar que estaba bien, que mi hija había nacido y que todo había salido de diez. Si me decían: "Vamos a brindar" yo me tomaba 1 botella de champagne...jajaja. Estaba realmente eufórica.
Y cuando por fin nos conocimos...bueno, tengo que contarles que no fue muy íntimo porque había muchísimas personas en la sala. Incluso, la última en conocer a mi hija fui yo, porque David la traía de Neo y se la iba mostrando a todos en el pasillo. Pero fue como que se borró el mundo: por fin estaba aquí. Pasó la tarde, la noche y otro día entero más en el Sanatorio. Yo no dormía porque necesitaba verla todo el tiempo, ella sí dormía....mucho! Tanto que había que despertarla para tomar la teta y costaba muchísimo!!
Recién el miércoles al mediodía me dieron el alta. Salimos del Sanatorio y yo llorando, llegamos a casa y yo llorando...jajaja. Qué lindos momentos, no podía creerlo. Así comenzó nuestra vida junto a Guillermina...una vida nueva, en donde todo es más lindo!!
A las 14 horas entré al quirófano, en dónde el anestesista Juan Marini me colocó la vía para el suero (qué dolor!!!) y la peridural: juro que no me dolió nada. Todo fue muy rápido: ahora corto, ahora vas a sentir un tirón (que nunca sentí), ahí está doctor (dijo la otra obstetra) y guaaaaaaaaaa...los gritos de mi hija se escucharon con fuerza a las 15:05.
Después la envolvieron en un toallón azul y me mostraron la carita llena de unto sebáceo y, como nunca la lavaron, tuvo esa capa blanca hasta una semana despues...cuando se le cayó el cordón y la bañamos nosotros.
Obvio que lloré: todos los nervios acumulados se soltaron en ese momento. Después la ansiedad por salir hizo que ya ni recuerdo los detalles posteriores...sé que me cosieron y me pasaron de la mesa de cirugía a la camilla, sé que vi a mi hermana mayor ni bien dejamos el asensor (con mi sobrino a upa), sé que vino mi tía y me dió un beso en la frente (tenía los ojos húmedos mi tiíta). Al segundo llegó David que volvía de Neo: Guille había quedado allí por distres respiratorio y prometían dármela en dos horas. Qué euforia, qué ansiedad...no podía parar de hablar: no me importaban ni las amenazas de la enfermera, ni los shhh de Mirta. Yo sólo quería comunicar que estaba bien, que mi hija había nacido y que todo había salido de diez. Si me decían: "Vamos a brindar" yo me tomaba 1 botella de champagne...jajaja. Estaba realmente eufórica.
Y cuando por fin nos conocimos...bueno, tengo que contarles que no fue muy íntimo porque había muchísimas personas en la sala. Incluso, la última en conocer a mi hija fui yo, porque David la traía de Neo y se la iba mostrando a todos en el pasillo. Pero fue como que se borró el mundo: por fin estaba aquí. Pasó la tarde, la noche y otro día entero más en el Sanatorio. Yo no dormía porque necesitaba verla todo el tiempo, ella sí dormía....mucho! Tanto que había que despertarla para tomar la teta y costaba muchísimo!!
Recién el miércoles al mediodía me dieron el alta. Salimos del Sanatorio y yo llorando, llegamos a casa y yo llorando...jajaja. Qué lindos momentos, no podía creerlo. Así comenzó nuestra vida junto a Guillermina...una vida nueva, en donde todo es más lindo!!



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Luisina Serenelli
Docente // Fotógrafa // Blogger //Feminista // Doula// Escritora // Lectora incansable // Mamá de Guille y Emi // Enamorada de David // En permanente deconstrucción y construcción