De amor y de casualidad

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Literatura
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Recomendación

Recomendación

06 septiembre 2010
No se pierdan esta entrevista a Günter Grass que publicó ayer la revista Debate. Me fascina cómo el tipo habla del lenguaje, de las palabras y de su propia vida y su relación con la política. Increíblemente bella la parte en donde habla del oficio de escribir. Es larga, pero vale la pena.
Una de las mejores entrevistas que leí en los últimos tiempos, por eso quise compartirla ;-) 
(sí, lo estoy endiosando...pero es Günter Grass che!)

;-)

(recién llego de trabajar y me morí de risa con sus comentarios buena onda! jaja!!)

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"Viaje Bueno, Alicia"

"Viaje Bueno, Alicia"

13 marzo 2010
Seguramente no podré transmitirles la fascinación en la que me dejó inmersa durante dos días la última película de Tim Burton. Claro que era previsible: mezclar a Carroll con Burton nos destinaría una maravilla. Y así fue, y tal vez fue más que eso.
No voy a partir de ninguna comparación. No creo en esas absurdas reseñas acerca de si el libro es mejor/peor que la película. Asumo que son manifestaciones artísticas diferentes, que pueden "complementarse" pero no "competir". Más bien tengo ganas de contar lo que estas "formas" de una misma historia me hicieron sentir.
Leer Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas es fascinarse con el absurdo. Es caer por el largo túnel de tierra y dejarnos tentar por el juego que nos propone. Básicamente, no hay una historia. O sí, una historia delirante y a la vez fascinante. Nada tiene un sentido preciso en la historia de Alicia.
Es un libro delicioso. Y la película de Burton también lo es. Incluso ambas versiones se han convertido en mis favoritos, pero por razones distintas.
La forma en la que el cine reinventa/reinterpreta la historia de Alicia me conmovió. La manera en la cual Burton decide contar esa historia, pero no desde el absurdo sino desde la narración, la convierte sencillamente en una obra maestra. Y es, claramente, animarse a más.
Todo es poderoso en la Alicia de Burton. Desde la atmósfera oscura y gótica de los sueños hasta las referencias a la mitología grecolatina: porque wonderland is underground! Así, Alicia desciende a esa otra tierra en busca de su "muchosidad", de su "querer ser". Un viaje increíble que la devolverá a la superficie más sabia, más ella, más fuerte. Allí la acompañan los personajes ya anclados en la memoria de tantas generaciones: la reina de corazones, el sombrerero, el conejo del reloj. Una obra maestra desde todo punto de vista: técnico y narrativo. No es fácil salir del cine a encontrarse con la realidad, olvidar de a poco la sonrisa del gato y salir de wonderland.
Viaje bueno, Alicia. El viaje de crecer.

¡Gracias Burton!



* no la vería con niños menores de 6 años
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Navidad y ficción

Navidad y ficción

13 diciembre 2009
diciembre 341

Papá Noel. Niñito Jesús. Reyes Magos.
Y un interminable debate acerca de si es lícito "mentirle" a nuestros niños. Primero, les cuento mi propia vivencia con esto y después mi opinión al respecto.
De las fiestas de mi infancia guardo recuerdos mezcados, no podría precisar a qué año pertenece cada uno: mis primos gritando que corriéramos a la esquina poque habían visto al Niñito Dios repartiendo regalos (a Papá Noel yo lo conocí de grande, de grande en serio: como a los 14 años escuché hablar de él, vivíamos en una ciudad chica y fui a un colegio religioso, tal vez eso lo explique; o lisa y llanamente: yo vivía en mi mundo...jaja), entrar al living y en la penunmbra apenas iluminada por las luces del arbolito encontrar el bebote yolibell, comida a mares, mi hermana mayor emborrachándose por primera vez con una copita mínima de sidra, la "mesa para los chicos" armada a un costadito, la mesa en la vereda, el calor, el pastito y el agua dejada para los reyes magos la noche del 5 de enero, constatar que los caballos se la habían comido, ver -escondida y en bombacha- cómo mi vieja tiraba el agua y el pasto, mi cara de "por fin te descubrí!". No puedo detectar un solo momento de tristeza o desilusión: ni mientras creí en que existían los reyes y el niñito, ni cuando me di cuenta de que eran mis viejos. Tal vez sea porque siempre adoré la ficción y la entendí como tal y me prendí en el juego.
Porque -y aclaro que esto es sólo mi opinión al respecto- de eso se trata: de jugar. Y eso es una de las cosas que más nos gustan en casa. Básicamente, creo en el poder de la ficción y en el arte de narrar -como buena profe en letras- ¿cómo no me va a gustar la historia de Papá Noel? La ficción es plantear un mundo diferente al real, con reglas propias y eso no es de ninguna manera mentir. Me da mucha lástima cuando mis alumnos leen un cuento y me dicen "Pero eso es mentira": "No, es ficción!", es el poder de la imaginación humana y a mí me conmueve. Es un juego para almas aventureras. El universo de la ficción nos pide que nos arriesguemos a que, en algún momento, el juego se acabe: el temible final del juego. Somos libres de arriesgarnos o de no hacerlo.
Si el juego está hecho con honestidad, respetando la lógica del arte de la narración, sin intenciones de manipular a los niños (el horroroso "si te portás mal no viene papá noel"...ay!), con ganas de jugar y arriesgándonos a que es posible que exista una cierta dosis de desilusión al cerrar el libro: ¿qué mal puede hacer?
Y los cuentos no siempre terminan, o al menos no siempre lo hacen mal.
Recuerdo con fuerza una navidad de hace 6 o 7 años: mi tío se disfrazó de Papá Noel para sus nietos. Cuando lo vi bajar la escalera, vestido así, flaco y con un almohadón en la panza, en ojotas (¡!) y con la bolsa de regalos: casi me hago pipí de la emoción. Me corrió un escalofrío en todo el cuerpo porque era cierto: Papá Noel estaba ahí y me daba un pequeño presente con una sonrisa de oreja a oreja y un guiño que aún hoy me llena el corazón.
Siempre vale la pena dejarse llevar por el poder de una buena historia. Y jugar...y hacerlo con ganas, no "porque todos lo hacen", o "porque siempre se hizo".
Así jugaremos en casa, ¿y a ustedes?¿les gusta la ficción o creen que es mentir?
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Bendecid@ por las estrellas

Bendecid@ por las estrellas

27 agosto 2009
Hoy, dedicada a alguien muy especial. ¡Felicidades Lau!
La canción es de Andrea Echeverri -la cantante de Aterciopelados- y pertenece al disco que le dedicó a su hija Milagros, aquí otra canción hermosa del disco.


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Canciones

Canciones

20 agosto 2009
El año pasado, leyendo el foro de Crianza Natural, me encontré con un post muy original. Se trataba de que cada una aportara canciones o poesías que hablaran acerca de la maternidad. Si bien nunca había participado de los foros de CN, en ese momento me registre e hice algunos aportes.
Llevé la idea a un post de Babysitio, foro en el cual sí participaba. Muchas chicas se acercaron a hacer su aporte y así conocí nuevas canciones y poesías, que fui recopilando. Entre ellas había canciones muy conocidas y otras que no lo son tanto. De a poco las voy cargando acá para compartirlas.
Esta canción se llama La estrella azul, la escribió Peteco Carabajal para su primer hijo, al que conoció muchos años después de su nacimiento.
Es una de mis canciones favoritas, tanto que cuando íbamos con mis hermanas a los recitales de Peteco, la pedíamos a los gritos. En esta versión la canta Mercedes Sosa.
Que todos encuentren, entonces, su estrella azul.


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Viernes desordenado

Viernes desordenado

08 mayo 2009
Y llegó por fin el viernes. Fue una semana difícil. Guille está descubriendo su autonomía, pero se niega a explorarla lejos mío. Estamos jugando, acomodo una pierna y ella llora desconsolada. O está jugando tranquila con David y cuando me ve pasar cerca empieza a gritar, llora tan angustiada que a veces no podemos calmarla fácilmente. Llora cuando no puede abrir algo, cuando no puede sacar algo, llora cuando se cae en sus intentos de caminar, llora cuando la gata huye, llora hasta dormida.
Para colmo de malas fue una pésima semana en el trabajo. Es cierto que trabajo poco: solo algunas horas a la mañana y la tarde del lunes. Pero esta semana pusieron fecha en la escuela para una "reunión plenaria" sin suspensión de clases. Esto implica que el lunes 18 tendría que ir a dar clases de 7:30 a 12 y quedarme a la Plenaria de 12 a 18. Y claro: puse el grito en el cielo. Simplemente: no puedo estar tantas horas fuera de casa. Le expliqué al director que trabajo poco (y gano poco) para darme el lujo de no estar tantas horas fuera de casa, ¿ustedes creen que entendió? Como no entendió fui clara: pasame el descuento, pero yo hasta esa hora NO me quedo. Sobre todo porque me parece terriblemente injusto. Y se sabe: quejarse nunca es gratis.
Y aquí estoy, viendo cómo empezamos el fin de semana, tratando de ponerle ganas a pesar de los mocos y la tos de Guille que no anuncian nada bueno. Intenté disminuirle los lácteos, pero es como que mientras más ansiosa me pongo yo por el tema más los requiere Guille. Y David que no lee lo que le dejé marcado le Laura Gutman, ni tampoco pasa por el blog para aunque sea ver de qué me quejo.
Estoy agotada, las innumerables disputas cotidianas me vacían el alma y siento que reboto de acá para allá sin planes, ni objetivos, ni "ganas de...". Algo está haciendo ruido adentro mío y no sé exactamente qué es. Supongo que este estancamiento es el que me agota, me aburre y me pone melancólica.
Al menos empezó el otoño: dorado, crujiente y cálido. Salimos a pasear el perro y Guille camina ya 1 cuadra y media tomada de una sola mano. Vamos despacito y descubre las hojas, y mira a la gente que le sonríe. Le encantan los carros con caballos y los cartoneros no se resisten a su sonrisa y a los grititos de entusiasmo que larga: nos saludan contentos.
Empecé a leer Mujeres que corren con los lobos, me impactó muchísimo el cuento "La loba", al que hacía referencia el otro día en un post. La autora, Clarisa Pinkola Estés -una psicóloga junguiana- reune en este libro cuentos sobre la naturaleza salvaje de las mujeres y los analiza antropológica y psicoanalíticamente. Pero, más allá de la explicación simbólica que da de cada uno de los cuentos, creo que si leemos dejándonos llevar, podemos captar totalmente la esencia profunda que encierra cada historia y su relación con la mujer salvaje que nos habita.
Les dejo el cuento...que fluyan las interpretaciones. Por mi parte, creo haber encontrado a la vieja, tengo por delante la enorme tarea de recoger los huesos, elegir la canción y ponerle carne a eso que haya encontrado.

"La Loba"

Hay una vieja que vive en un escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.
Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.
Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de Tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde de la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos camioneros a Morella, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.
La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.
Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.
Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.
La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.
La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.
En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.
Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa... una cosa del alma.

En Pinkola Estes, Clarisa: Mujeres que corren con los lobos, D Ediciones B, S.A., 1998.

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Estoy

Estoy

05 mayo 2009
Expectante, cantando en el silencio o mejor, decidiendo que canción cantar sobre los huesos que he juntado...intentando ponerle carne a la loba, buscando, oliendo, juntando. Fascinada ante la lectura de nuevos libros.

Les dejo este bellísimo poema de Alejandra Pizarnik, uno de mis favoritos.

La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta en el lugar en el que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

De: El infierno musical (1971)
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Yo me pregunto

Yo me pregunto

26 marzo 2009
¿Por qué los seres humanos sufrimos tanto con los cambios?


"
...

En esta noche de desmesura, hazte
conjuro en la cruz de tus sentidos,
sentido de su extraña convergencia.

Y si de los terrestre fueras descuidado
a la callada tierra exclama: fluyo.
A las rápidas aguas diles: soy."

Rainer Maria Rilke

Soneto XXIX, Sonetos a Orfeo
Traducción: Carlos Barral

El "subrayado" es mío
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Lecturas con apego

Lecturas con apego

09 marzo 2009
Este cuento lo leí cuando tenía unos 10 años, pertenece al libro "Chico Carlo" de la escritora uruguaya Juana de Ibarbourou. En el libro recopila anécdotas de su propia infancia, contadas con bellísimas palabras. El texto que sigue es un clásico. Cuando lo leí por primera vez odié al pintor Yango tanto como la protagonista del relato. Cada vez que lo leo me inspira una ternura indescriptible. Lo leo como una defensa a la imaginación, a la creatividad, a las cosas que sólo podemos ver de niños...o de adultos si nos han dejado entrenarnos para verlas.
Yango también es una gran metáfora de algunos sistemas educativos cerrados, donde no hay lugar para la imaginación.
Disfrutemos y protejamos el mundo de los más chicos. Ojalá les guste el texto.



La mancha de humedad


"Hace algunos años, en los pueblos del interior del país no se conocía el empapelado de las paredes. Era éste un lujo reservado apenas para alguna casa importante, como el despacho del Jefe de Policía o la sala de alguna vieja y rica dama de campanillas. No existía el empapelado, pero si la humedad sobre los muros pintados a la cal. Para descubrir cosas y soñar con ellas, da lo mismo. Frente a mi vieja camita de jacarandá, con un deforme manojo de rosas talladas a cuchillo en el remate del respaldo, las lluvias fueron filtrando, para mi regalo, una gran mancha de diversos tonos amarillentos, rodeada de salpicaduras irregulares capaces de suplir las flores y los paisajes del papel más abigarrado. En esa mancha yo tuve todo cuanto quise: descubrí las Islas de Coral, encontré el perfil de Barba Azul y el rostro anguloso de Abraham Lincoln, libertador de esclavos, que reverenciaba mi abuelo; tuve el collar de lágrimas de Arminda, el caballo de Blanca Flor y la gallina que pone los huevos de oro; vi el tricornio de Napoleón, la cabra que amamantó a Desdichado de Brabante y montañas echando humo, de las pipas de cristal que fuman sus gigantes o sus enanos. Todo lo que oía o adivinaba, cobraba vida en mi mancha de humedad y me daba su tumulto o sus líneas. Cuando mi madre venía a despertarme todas la mañanas generalmente ya me encontraba con los ojos abiertos, haciendo mis descubrimientos maravillosos. Yo le decía con las pupilas brillantes, tomándole las manos:
-Mamita, mira aquel gran río que baja por la pared. ¡Cuantos árboles en sus orillas! Tal vez sea el Amazonas. Escucha, mamita, cómo chillan los monos y cómo gritan los guacamayos.
Ella me miraba espantada:
-¿Pero es que estás dormida con los ojos abiertos, mi tesoro? Oh, Dios mio, esta criatura no tiene bien su cabeza, Juan Luis.
Pero mi padre movía la suya entre dubitativo y sonriente, y contestaba posando sobre mi corona de trenzas su ancha mano protectora:
-No te preocupes, Isabel. Tiene mucha imaginación, eso es todo.
Y yo seguía viendo en la pared manchada por la humedad del invierno, cuanto apetecía mi imaginación: duendes y rosas, ríos y negros, mundos y cielos. Una tarde, sin embargo, me encontré dentro de mi cuarto a Yango, el pintor. Tenía un gran balde lleno de cal y un pincel grueso como un puño de hombre, que introducía en el balde y pasaba luego concienzudamente por la pared dejándola inmaculada. Fue esto en los primeros días de mi iniciación escolar. Regresaba del colegio, con mi cartera de charol llena de migajas de biscochos y lápices despuntados. De pie en el umbral del cuarto, contemplé un instante, atónita, casi sin respirar, la obra de Yango que para mí tenía toda la magnitud de un desastre. Mi mancha de humedad había desaparecido, y con ella mi universo. Ya no tendría más ríos ni selvas. Inflexible como la fatalidad, Yango me había desposeído de mi mundo. Algo, una sorda rebelión, empezó a fermentar en mi pecho como burbuja que, creciendo, iba a ahogarme. Fue de incubación rápida cual las tormentas del trópico. Tirando al suelo mi cartera de escolar, me abalancé frenética hasta donde me alcanzaban los brazos, con los puños cerrados. Yango abrió una bocaza redonda como una O de gigantes, se quedó unos minutos enarbolando en el vacío su pincel que chorreaba líquida cal y pudo preguntar por fin lleno de asombro:
-¿Qué le pasa a la niña? ¿Le duele un diente, tal vez?
Y yo, ciega y desesperada, gritaba como un rey que ha perdido sus estados:
-¡Ladrón! Eres un ladrón, Yango. No te lo perdonaré nunca. Ni a papá, ni a mamá que te lo mandaron. ¿Qué voy a hacer ahora cuando me despierte temprano o cuando tía Fernanda me obligue a dormir la siesta? Bruto, odioso, me has robado mis países llenos de gente y de animales. ¡Te odio, te odio; los odios a todos!
El buen hombre no podía comprender aquel chaparrón de llanto y palabras irritadas. Yo me tiré de bruces sobre la cama a sollozar tan desconsoladamente, como sólo he llorado después cuando la vida, como Yango el pintor, me ha ido robando todos mis sueños. Tan desconsolada e inútilmente. Porque ninguna lágrima rescata el mundo que se pierde ni el sueño que se desvanece... ¡Ay, yo lo sé bien!"


Juana de Ibarbourou
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Luisina Serenelli

Docente // Fotógrafa // Blogger //Feminista // Doula// Escritora // Lectora incansable // Mamá de Guille y Emi // Enamorada de David // En permanente deconstrucción y construcción

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Hola! Soy Luisina Serenelli. Sanlorencina viviendo hace 19 años en Rosario, Argentina.
Fotógrafa de familia, doula y profesora ❤

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