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Las dos caras de la misma moneda: crecer

16 octubre 2009

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Y así estamos todo el día. De la risa al llanto en segundos: porque el perro se va, porque la gata no se deja tocar, porque no le doy el termo para que juegue, porque sí, porque no. De mi parte a veces tranquilidad, a veces nerviosismo por no poder poner en palabras lo que le pasa (porque a veces no tengo mucha idea de qué es lo que le pasa), y otras tantas también le copio el llanto porque su frustración logra conmoverme. Y así estamos, creciendo, sin parar.

2 comentarios

  1. Pues sí Luisina...has descrito esta etapa perfectamente... El otro día en una charla de Rosa Jové explicó muy claramente que los bebés y niños no tienen desarrollado el cerebro "maduro", viven con el cerebor emocional...y así son ellos...todo emoción... No les es posible aún razonar y aplacar los impulsoso como nosotros...(bueno yo conozco a muchos adultos que tampoco saben hacerlo... pero ese es otro tema).
    Y sí... al final lo que ha mi me ha enseñado esta etapa es que no me controlo tan bien como creía y que tengo un umbral muy bajo de tolerancia a mi propia frustración...
    Un abrazo compañera

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  2. Hola Nohemí...sí, es toda una etapa. Yo tampoco tengo un nivel alta con respecto a la frustración...pero de a poco aprendo a dominarme a mí misma: un gran entrenamiento!!
    Besos!!

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