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Mi hermana mayor, nuestros hijos y el poder del reencuentro

15 marzo 2009

















"...rumbos paralelos
dos anzuelos, en un mismo río..."
J.D.


Llegué a este mundo cuando mi hermana Andrea tenía 10 años y Analía (mi otra hermana, la "del medio") cumplía 5. De Analía ya hablaré más adelante, hoy quiero contarles de Andrea, mi "hermana mayor".

Andrea o "Tati" como yo la llamo simplemente fue mi ÍDOLA durante buena parte de mi vida. De chica jugó conmigo, me enseñó a escuchar la música que ella escuchaba, cantábamos juntas, me llevaba a pasear. Cuando entré en la adolescencia y la relación con mi mamá se cortó ella fue mi refugio. Tantas horas compartidas, mates, lecturas...

Andrea estudió el profesorado en Geografía conmigo sentada al lado, leyendo. Siempre fuimos muy compinches, atravesamos la enfermedad y muerte de nuestros padres juntas, la venta de la casa que había sido nuestro lugar en la infancia, viajamos juntas como mochileras...no me alcanzaría la vida para contar todas las cosas que hicimos las dos juntas, una al lado de la otra. Me apoyó en mi carrera y bancó económicamente buena parte de la misma. También debo decir que yo le dí cosas: compañía incondicional desde el domingo a la tarde hasta cualquier sábado por la noche cuando no tenía con quién salir.

Mi hermana quedó atrapada en nuestra historia familiar, tan atrapada que recién pudo consolidar una pareja a los 35 largos...y con su pareja llegó el ansiado hijo: mi sobrino Pedro. Para ese entonces yo hacía tiempo que vivía sola y reclamaba un sobrino. Y llegó el día que me dijo: estoy embarazada. Me emocioné tanto que nos largamos a llorar juntas: por fin algo bueno pasaba en nuestra familia, nos pasaba a nosotros!

Pero cuando nació mi sobrino nos distanciamos. En ese momento las dos pensamos que la culpa la tenía la otra. Me enojé por muchas cosas, me irritaban sus comentarios y saqué la conclusión de que todo lo que Andrea hacía eran "perradas". Ahora me doy cuenta de que la "hermanita menor" peleaba desesperadamente por el lugar que debía llegar a ocupar Pedro. Así, me alejé "sutilmente" poniendo excusas inconscientes para no presenciar algo que me causaba dolor. Abandoné a mi hermana en su propio puerperio porque no me banqué sentirme desplazada, claro que en términos inconscientes que vengo a descubrir ahora...no es que uno hace estas cosas de malo que es, para nada. Es más en ese momento pensaba qué cómo podía estar triste mi hermana si al fin tenía a su hijo tan deseado...

Pero Guillermina nació y la hija se transformó en madre, la hermanita se transformó en tía. Darme cuenta de esto me ayudó a comprender algunas cosas que había interpretado mal, algunos malos entendidos. Igualmente las relaciones entre hermanos no son fáciles y mi hermana es lo que se dice "una mina difícil" en muchos aspectos (así como lo seré yo en otros).

Hoy por hoy nuestros hijos nos encuentran haciendo el esfuerzo de re-conocernos para criarlos de la mano. Lamento haberme perdido esos primeros tiempos de mi sobrino...me distancié un poco también para cuidar mi propia pareja, que recién estaba naciendo (o tal vez esto no haya sido más que otra excusa).

De a poco, poniendo ganas cada día vamos recuperando la relación desde un lugar distinto: hablamos mucho, lloramos, peleamos, trabajamos juntas y estamos seguras de algo...queremos que nuestros hijos crezcan queriéndose como primos, conociéndose y sabiendo que a veces vale la pena dejar muchas cosas de lado por la familia.

3 comentarios

  1. Como me hciste llorar!!!
    Yo no tengo hermanos, sabes...Y una sinceridad asi tan expresada, sin verguenzas, esta buenisimo!!!!!
    Ya se que esta entrada es vieja, pero recien la veo; Gracia spor compartirla!
    besos!!

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  2. hacía muuucho que no leía esta entrada, yo también lloré ;-)
    Gracias!!!

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  3. Bue acá llega otra más tarde todavía, yo también lloré sos jodida nena, pero no sabés como me gusta tu forma de ser, jajaj contradictoria yo?. Besos. Lunita

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